Escultor: ficción sobre el tacto

Si me quedara ciega y sorda, si no pudiera ver el brillo en tus ojos ni escuchar tu voz decir mi nombre como sólo tú lo haces, aun así, sería capaz de reconocerte.

El tacto de tu mano sobre la mía, en ese gesto que me reconforta y me hace saber que hemos cruzado el umbral del nosotros dejando fuera a los otros.

El roce de tu mano sobre mi mejilla. Pinceladas que han moldeado mi rostro. El gesto con el que haces mi cabello hacia atrás para dejar tu creación al descubierto.

Tus manos hábiles desabotonando mi blusa, tus dedos recorriendo la piel que nos une y separa. Senos y pezones creados por tu boca y tu lengua que succionan con determinación haciendo fluir un manantial de placer.

Tus manos sobre mi vientre crean un punto de referencia, una pequeña brújula a la que podrás recurrir para no perder el rumbo y navegar en la dirección correcta.

Reconocería en mi ceguera tu abrazo, mi pecho contra el tuyo, tus brazos rodeándome y tus manos dando origen a mi espalda con trazos largos y firmes, palmas y dedos apurados en terminar su labor, dando cuerpo a un cúmulo de arcilla. Así surge la curva de mi espalda y al sur la rematan curvas aún más pronunciadas, piel suave que esbozas con dedos firmes. En ese abrazo que se extiende, mis piernas y mis pies surgen de entre los tuyos.

El pubis lo recreas con presión contundente de tu lengua, seguido por precisos mordiscos. De las yemas de tus dedos surge mi clítoris, mi vagina es creada por tu pene suave y firme, hábil esteca con que terminas de crearme.

Extraído de la obscuridad y de la nada, yace mi cuerpo recién creado en un ovillo sobre las sábanas, tu mano sobre mi espalda le infunde energía creadora.
Con tus manos y tu cuerpo has dado origen a mi ser; con tu pasión, me has forjado, de entre tantas posibles formas, tomo por fin la forma definitiva de la yo que amas.

Me asumo única e irrepetible, mi nombre es Lilith. Con asombro descubro mis propias manos, las miro, me maravilla su poder creador, siento el fuego que arde en mi interior, entonces, me pongo en pie, para emprender camino rumbo al horizonte lejano llevando conmigo la arcilla para seguir modelando la yo que amaré por siempre.

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