Miércoles

Nací de manera planeada, un miércoles a las nueve de la mañana de un 3 de agosto, al ser arrancada de la tibia y roja comodidad del vientre de mamá. Ahí también nació la familiaridad que tengo con el hospital y la frialdad hacia el mundo exterior.

Una tarde de miércoles que mamá no llegó, pues chocó; recuerdo verme reflejada en el cristal de la ventana del cuarto de mis abuelos, viendo los reflectores del estacionamiento, pálidos, distantes y luminosos como si se tratara de la luna misma, y del éxtasis que experimenté al ver llegar la camioneta.

Fue otro miércoles cuando operaron a mamá, y pensé que no volvería. Es tan complejo comprender que, a pesar de ser algo de bajo riesgo, implicaba una distancia que nunca habíamos tenido, así como lo fría y gris que se sentía el espacio sin su presencia, o como del abismo tan evidente y asfixiante que representaba la relación con mi papá. No me había dado cuenta de lo dependientes que éramos una de la otra, hasta esa eterna noche en la que ella no estuvo en la casa. Ninguna niña debería pasar por esta pesadilla.

Conforme han sucedido los años, los miércoles pasaron de ser días desérticos, eternos y odiados, a ser probablemente uno de mis días favoritos, no tan largos y no tan cortos. Efímeros y pesados aun encontrándose en el medio de todo el mundo.

También albergó un miércoles el día en el que decidí terminar una relación que me destruía por dentro, como si estuviera siendo invadida por células cancerígenas. El último mensaje recibido fue a los pocos minutos de iniciar el jueves y con el, inició una nueva vida.

Fue en miércoles cuando emprendí, de verdad, la crucial y cruda aventura de encontrarle sentido a mi vida, pidiendo ayuda y guía. Así que estos días se han convertido en fechas de celebración e introspección, pero con la firme convicción de que fue la mejor decisión.

En una noche, de otro miércoles no muy lejano, me di cuenta de qué tan roto tenía el corazón y de cuánto realmente anhelaba no sentirme así, y agradecí tener la oportunidad de vivir un día más, un segundo a la vez, uniendo cada pedazo de mí que dejé regado en el pequeño sillón en la casa de alguien más, con el cálido abrazo del tiempo.

El 2020 iniciará en un miércoles más, y no puedo evitar preguntarme:

¿Qué nos deparará?

Autora: Jesica Lara, nacida en 1994, de la mezcla entre una chilanga y un veracruzano. Fotógrafa, pseudo-publicista y escritora de tiempo completo. Eternamente interesada en el feminismo, la historia y la gran complejidad de la psique humana.

Ilustradora: ASAYRIS

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