Domingo

Sé que hoy es domingo, día de descansar. Hoy no tengo que salir antes del amanecer para alcanzar a sortear el tráfico y lograr llegar a tiempo a la oficina. Hoy no es sábado de vestirse apresuradamente para ir a clases a aprender las reglas gramaticales de alguna lengua extranjera y practicar hasta lograr dominar el subjuntivo.

Es domingo de recibir el día en mi propio nido, lenta y perezosamente. Sin despertar ni levantarme de la cama estiro la mano para alcanzar el cuerpo que descansa a mi lado. Deslizo la mano debajo de una pijama, despacio, me encuentro con un cuerpo tibio y adormilado. Sin abrir los ojos dejo que mi mano explore sin prisa. Llevo la mano del otro a mi pecho izquierdo. Un beso cálido se gesta, mi lengua recorre la otra boca curiosa y sin conciencia de pudores. En el recorrido de descubrimiento encuentro un pene lánguido que responde al tacto irguiéndose. Las caricias continúan en toda la extensión de la piel, mientras los párpados continúan cerrados, en su interior sigue la proyección de imágenes oníricas.

Me encuentro en un limbo entre el sueño y la vigilia. Mis pezones se han erguido, mi sexo se humedece, quedo completamente desnuda, cuando estoy lista, henchida de deseo, llevo el pene a mi interior, todo es humedad y tibieza. Sin urgencia, ni prisas. Mis caderas se mecen sobre mi montura al ritmo del mar que con igual regularidad e ímpetu golpea la costa.

El sol curioso se asoma y proyecta mi sombra sobre el lecho, como si fuera un lienzo, dibuja lascivamente la curva de la cintura, los redondos contornos de los senos y la cadera, la fluidez del cabello. Logro el clímax, dejo que el placer me desborde de pies a cabeza. Es domingo, he agotado mi energía en el gozo que ahora se apodera de mi cuerpo, siento mis párpados pesados, dejo caer mis brazos y piernas. El sueño retoma su dominio, apenas un empujón y ya estoy en su lado del río. Me entrego al afán del día domingo. Duermo nuevamente.

Ya volveré a despertar cuando al sol no le baste asomarse, cuando se meta de lleno en la habitación e impaciente empuje mi cuerpo desnudo fuera de las sábanas arrugadas.

Autora: Esther Solano, Esther ama escribir, aunque solo recientemente ha empezado a ser leída. En el seno de una comunidad de mujeres preparadas y generosas su voz escrita ha visto la luz. Con formación técnica en Ingeniería,  se mantiene en pie de lucha en el competitivo y sexista ámbito corporativo mexicano. Es madre de dos adolescentes cuya crianza la apasiona y reta cada día.

Imagen por la Ilustradora: Bodil Jane

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