Ordalía

Al bajar del autobús, Luisa pensó que aquel pueblo olía a muerte. Al ver a sus tíos se dio cuenta de que ellos no la querían ahí; entendía que ninguna persona recibiría con gusto a una adolescente con una madre muerta y un padre asesino. Nicol, la única hija del matrimonio, se acercó y la abrazó.

Un día la familia decidió limpiar el cuarto que había pertenecido a los abuelos y prepararlo para Luisa, los abuelos leían mucho, así que salieron varios libros, entre ellos: Conocimientos generales de la Astrología, El Arte de la Alquimia, La Ilíada, El libro de los espíritus, Las mil y una noches, Grimorio y Cándido. Los padres les dijeron a las chicas que podían conservar los libros que quisieran.

Con el paso de los días Luisa se hizo amiga de Diana y Coral, las amigas de su prima, poco a poco empezó a recobrar su antigua personalidad, se adaptaba mejor a la casa de sus tíos y los libros recién heredados la ayudaban. El recuerdo de su madre la acompañaba todos los días.

Un día Nicol llegó con la noticia de que había terminado con Patricio, Luisa no pudo fingir tristeza, ella lo odiaba, pues en varias ocasiones le había pegado y la agredía verbalmente. Se sintió feliz.

Las chicas organizaron una excursión por los alrededores del pueblo para distraer a Nicol. El día convenido todas se reunieron en el río y después visitaron el convento abandonado. La entrada estaba sellada desde el último temblor que había ocurrido, así que sólo estuvieron en el patio, éste estaba rodeado por arcos de piedra, el musgo salía de las columnas, en medio se encontraban los restos de una fuente, decidieron sentarse ahí.

Una nube tapó el sol. Luisa sacó un libro de su mochila.

—Chicas, encontré este libro, se llama Grimorio.

Mientras lo hojeaba comentó “Aquí vienen hechizos, hay desde cómo conseguir amor y dinero, hasta venganza y justicia. ¿Quieren probar alguno?”

Las chicas aceptaron, decidieron que fuera al azar.

Luisa cerró sus ojos y le dio vueltas a su dedo hasta que lo puso en el índice del libro.

—Salió Ordalía.

—Alguien sabe ¿qué es una ordalía?

—Significa juicio —dijo Coral.

—Sabes muchas cosas —dijo Luisa.

—En realidad no, lo busqué en internet.

Todas rieron.

—¿Y a quién enjuiciaremos?

Será una sorpresa —dijo Luisa—. Acérquense, lo leeremos juntas —Diana tuvo miedo, pero Coral la unió al grupo.

Empezó a hacer frío y mucho viento.

Las niñas leyeron al unísono:

“Invocamos el favor de los espíritus ancestrales para cumplir con esta ordalía. Que los espíritus juzguen si nuestra petición es digna de ser atendida para dar justicia a…”

Todas vieron a Luisa, quien mencionó:

—Las mujeres que fueron asesinadas en el pueblo Valle de la Alianza.

“Pedimos que sus cuerpos salgan de sus tumbas en busca de justicia, aunque su mente y alma no regresen.

Que este hechizo sirva como candil en la oscuridad de la otra vida.”

Una vez que terminaron, Diana se volvió a sentar en la fuente.

—Me gustaría que este hechizo fuera verdad. Mi tía fue asesinada por su novio y nadie hizo nada.

Todas se sentaron junto con ella.

—Es cierto, sería bueno que las mujeres asesinadas del pueblo pudieran regresar un día a este mundo para castigar a sus asesinos, pero esto es sólo un juego, ya saben que en esta vida las mujeres no reciben justicia.

Coral interrumpió.

—Es tarde, hace frío y tengo hambre, ya vámonos.

Las chicas tomaron sus mochilas y salieron del convento.

Tras las campanadas de medianoche hubo un apagón en todo el pueblo, los vecinos salieron de sus casas rumbo al transformador, ya ahí la luz regresó. De pronto, comenzaron a escucharse ruidos extraños, estos venían del cementerio.

—Mejor regresemos a nuestras casas —se escuchó decir a algunos vecinos.

La luna alumbraba el pueblo. Muchos niños salieron descalzos en busca de sus padres. Los ruidos se escuchaban más y más cerca. Algunas personas que ya iban hacia su casa, cerca del panteón, regresaron corriendo y gritando:

—¡Mujeres muertas! ¡mujeres muertas! Ahí vienen. ¡Corran! ¡corran!

Las personas las escuchaban, pero no entendían de qué hablaban.

—¡Corran! —dijo doña Mary, que pasaba caminando rápido con su bastón— Las muertas se salieron de sus tumbas y ahí vienen.

Varias mujeres con cuerpos pequeños, descalzas, caras irreconocibles por la putrefacción, piel marchita y amarillenta, uñas enormes, con ropa desgarrada y que olían a carne podrida se dispersaban por el pueblo, parecía que estaban buscando algo.

Los vecinos se echaron a correr. Comenzaron a tapar las ventanas con madera. Las muertas entraron a algunas casas. Tenían una fuerza descomunal. Una vez adentro sacaban a algunos hombres, no a todos, nadie sabía por qué. Muchos trataron de defenderse con patadas, puñetazos, palas, martillos y pistolas, pero a ellas nada parecía detenerlas.

Los vecinos reconocieron a las muertas.

Es mi hermana, mi esposa, mi hija, — decían— La ropa las delataba.

Nicol se asustó y les contó a sus padres lo que habían hecho.

—¿Dónde está el libro? —preguntó el papá. Luisa fue por él. Al notar que tardaba mucho, su prima fue por ella, pero al llegar no la encontró, ni al libro.

Nicol fue corriendo a decirle a sus padres. Estos salieron a buscarla.

—¿Dónde estará?

—En el convento, ahí se dijo el conjuro.

Las muertas se fueron hacia el convento, cada una llevaba un hombre o dos en sus manos. Todo el pueblo vio su peregrinar. Nicol y sus padres llegaron al convento, las puertas habían sido derribadas. El libro estaba abierto en medio de la fuente. Las muertas se reunieron alrededor. Luisa las contemplaba.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó su tía.

—Espero a mi mamá, ella va a venir.

—Ella no vendrá, hija.

—¿Por qué no?

—Tú papá se ahorcó días después de que asesinó a tu madre.

Luisa comenzó a llorar, Nicol la abrazó. Las muertas comenzaron a empujar a la familia que obstruía el paso. Nicol vio que Patricio estaba adentro. Pensó en ayudarlo a salir, pero recordó por qué se los estaban llevando. Él no la miró.

Algunos trataron de unir fuerzas y derribarlas, pero fue inútil. Las muertas se tomaron de la mano, agacharon la cabeza y, después de un momento, cada una fue levantando al hombre que había llevado. Con una mano lo tomaban del cuello y con la otra le sacaban el corazón, después los tiraban y ellas regresaban a sus tumbas.

Patricio estaba sentado encima de los cuerpos, esperando su turno, les gritaba a todas:

—Pinches viejas. Qué se creen, van a valer verga ahora que los hombres del pueblo vengan a acabar con ustedes. Las vamos a enterrar bien hondo para que no vuelvan a salir, hijas de la chingada. Ni muertas dejan de molestar.

Mientras él seguía gritando, por atrás llegó una niña como de ocho años. Patricio comenzó a sangrar, intentaba hablar, pero se ahogaba. Después de un rato se desplomó y murió.

Los cuerpos de los asesinos quedaron apilados y cubiertos de sangre. Las muertas regresaron a sus tumbas. El libro desapareció.

Los vecinos no sabían qué hacer con el convento, se acordó que al día siguiente se tomaría una decisión. Antes de que amaneciera, el convento comenzó a arder. La gente salió y solo vio como aquel lugar era consumido por las llamas.

Autora: Mary de los Ángeles Sánchez López, narradora, lectora y escritora aficionada. Fan de dejar fluir la conciencia.

Ilustración: Tin Can Forest

2 comentarios en “Ordalía

  1. Buenísimo Ángeles. Aunque la trama central es diferente, de alguna manera me hizo recordar «Soñarán en el jardín» de Gabriela Damián Miravete. Yo también quisiera que se hiciera justicia ante los feminicidios, que Ordalía fuera realidad.

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