La Doctora Schwartz

Práctica, la solución tenía que ser lo más práctica posible en términos de magnitud, rapidez y efectividad. La Doctora Schwartz sabía que la tenía a su alcance, la veía ejecutándose de manera inevitable, y aunque la consideraba poco ética, también la creía necesaria.

Por años, la sociedad había apostado por la ciencia y el conocimiento como medio para lograr un mundo más justo y equitativo. La razón nos volvería una sociedad libre y civilizada, o al menos eso queríamos pensar. Sin embargo, los hechos demostraban que, a pesar de la evidencia, estudios, testimonios, diálogos, políticas públicas y campañas de concientización, el sistema patriarcal seguía siendo una realidad persistente. Las mujeres, protagonistas y creadoras de esta Era del cambio, no estaban siendo apoyadas ni secundadas por los hombres, tampoco por las instituciones. Éstos se encontraban renuentes y amenazados por estas olas de transformación social en las que ellos ocupaban el papel de espectador por decisión propia. 

La Doctora Schwartz era fisióloga de profesión, apasionada de la ciencia y el desarrollo humano. Había librado de manera exitosa sus batallas personales y profesionales, usando la cabeza y el arte de la persuasión para poder llegar a la que consideraba la cúspide de su carrera científica. La síntesis y producción de vacunas a nivel Latinoamérica estaba bajo su mando. Entonces, cansada del retroceso racional humano que era evidente en los medios de comunicación, así como de la popularidad del movimiento anti vacunas, el uso ignorante del lenguaje, el consumismo y la apatía generalizada, tomó la decisión de ayudar a equilibrar la balanza; la solución era básica y simple. Los reflejos humanos son una respuesta automática a estímulos externos, son inmediatos y no se requiere del uso de la razón ni de ninguna reflexión consciente. Si se alteran algunos de estos reflejos en los hombres, se podría dar lugar a seres más apacibles y civilizados, se dijo la doctora.

Schwartz encontró su tan anhelada respuesta en la testosterona. El mapeo genético y sus experimentos le ayudaron a diseñar un gen modificado de esta hormona, que podía integrarse al genoma humano a través de una vacuna, llamó a su descubrimiento: la testosterona neutra. Los resultados pre-clínicos demostraron que las ratas macho vacunadas con esta nueva versión de la hormona, tenían una alta disminución en los comportamientos tradicionalmente agresivos observados en las ratas, y una mayor empatía por sus congéneres. La vacuna sólo se activaba si en el organismo se detectaba la presencia del cromosoma sexual Y, por lo que era, además, selectivamente eficaz. 

La doctora Schwartz sabía que habría poca aceptación social para el uso de esta innovadora vacuna, así como pocos voluntarios, pero estaba segura que, de ser aplicada serían más los beneficios sociales que los riesgos sanitarios. Sólo una dosis bastaba, y el cambio, como lo anunciaban poéticamente los libros de autoayuda, se iniciaba desde el interior. De manera instintiva, aquellos individuos vacunados serían más dóciles, empáticos y menos territoriales. La doctora esperaba con gran esperanza poder ver los resultados de su hipótesis. Pero, ¿estarían estos hombres a la altura de esta transformación social? 

El plan estuvo listo, los lotes de vacunas para las campañas de vacunación de la influenza estacional contenían una dosis de testosterona neutra, agregada.

La doctora Schwartz está segura de que algo cambiará, imagina a los hombres siendo aliados de los movimientos sociales por naturaleza, empáticos; se siente optimista. Por otra parte, de ser necesario tiene a su alcance y bajo su mando múltiples campañas de vacunación a gran escala, así como los recursos necesarios para poner en práctica la aplicación de sus descubrimientos futuros. 

Las primeras vacunas se administraron en el área varonil del reclusorio norte, el lugar perfecto para que, a corto plazo, aparezcan los resultados evidentes. Además, todas las personas involucradas en la campaña, tienen garantizado el acceso a los expedientes médicos, así como a los reportes de disturbios y ataques en el centro de reclusión. 

Ahora, la doctora Schwartz espera con ansias los resultados de esta primera etapa, mientras tanto analiza con cautela los próximos sitios para poner a prueba su vacuna.

 

Autora: Rosela Narváez, es Bióloga egresada de la Facultad de Ciencias de la UNAM, con una Maestría en Ecología por El Colegio de la Frontera Sur y la Université de Sherbrooke. Recientemente ha decidido experimentar con la escritura.

Ilustración de: Virginia Argumosa

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