El regalo cósmico, la pipa literaria

El viento sopla, sopla tan fuerte deseando una charla con mi cabellera revuelta, sucumbo ante él, cierro la ventana para que no hable más, en ocasiones es demasiado inquieto.

Contemplo melancólicamente el árbol de Navidad, ataviado de luces como el cielo boreal en algún lugar de Alaska; esferas brillantes en colores alegres propios de la época, me recuerdan sueños o fracasos de cada mes del año; parecieran fuegos fatuos que danzan en mi cabeza, foquitos prendidos y apagados al vaivén de una cálida melodía generada por una serie musical; en la punta de aquel pino un gigantesco, un moño dorado hace alarde de su belleza.

El bullicioso viento y el diálogo que emana de aquel árbol navideño, me han puesto melancólica, siento la presencia de la soledad, me abraza, me acompaña; le he ofrecido sidra, pero prefiere vino, entonces vino será.

El timbre llama, no espero a nadie, las 11, quizá las 12; temerosa, con cautela grito “¿quién?”, “soy yo Ana, abre”, ha dicho mi nombre, su voz me es conocida, familiar. Abro y, en efecto, me encuentro de frente a un viejo amigo, cómplice de aventuras, autor de memorias buenas y malas que redacto a diario en el lienzo de mi vida; es el tiempo que ha venido a verme.

Tan formal y galante me pone al tanto de sus anécdotas pasadas, lo contemplo y me cuestiono, “¿el tiempo puede ser amigo o enemigo?, es un arma de doble filo”, escucho atentamente su conversación; la soledad reparte sidra, la que antes rechazaba; al calor de las risas y la camaradería pudimos tomar jugo, té o café y sería exactamente la misma grata experiencia.

El tiempo empieza a fumar de una pipa hermosa, labrada en madera, decorada con grabados dorados y rojos brillantes, grecas moradas y tintes azules verdosos, recuerdan la danza colorida de la decoración navideña; me invade la curiosidad, me atrevo a preguntar, “¿cuál es el origen de esta maravillosa pipa?”.

“Pronto lo sabrás”, contesta mi interlocutor. La soledad a ratos desaparece, sorbe de su copa, se va, regresa, su voz se aleja, no escucho más su risa.

A mi pequeño hogar ha entrado la madrugada, vestida de seda, con sombrero y zapatillas, lleva consigo un frío decembrino; el reloj marca las dos, el tiempo ha partido y no me he dado cuenta, no me despedí de mi insigne invitado.

De la sala me dirijo al cuarto; un halo de misticismo atemporal me envuelve, me recuesto; el pensamiento me invade. Ahora siento la soledad no como compañía sino como enemiga; duele en el pecho, me quejo, siento malestar y también frío, duele en la mente, pero duele más en el recuerdo.

A la madrugada se suma la melancolía, acaricia despacio mi lucidez; me hace dudar, ¿a dónde voy?, ¿estoy en el camino correcto?

Estas visitas navideñas han dejado un profundo hueco en mi pensar; en una copa vierto el resto del contenido de la sidra, rápidamente se vacía la botella.

Con la mirada fija en la pared, degluto tranquilamente mi embriagante bebida, el alcohol, cómodamente hace su efecto, copa tras copa, la falsa felicidad me envuelve; por un momento olvidé la música navideña de la serie que adorna mi árbol, vuelvo a verlo detenidamente y un sueño profundo me posee, mi cuerpo pesado cae al piso, no hay dolor, ni molestia, sólo tranquilidad y somnolencia.

Me levanto abruptamente, me encuentro en la cama con un cálido edredón y mi antigua almohada. No recuerdo cómo he despertado aquí. Una estrella llega hasta mi regazo, me abraza, mancha con polvo cósmico mi pijama.

“Este obsequio es para ti, es un viaje al mundo de las letras, a la mar de los imposibles. Es la pipa literaria, para que sumerjas tus penas, aventuras, sinsabores, momentos de gloria en el océano de las letras; utiliza el barco de la imaginación y huye sin moverte; canta como sirena; domina el mar, sé musa sin opresión, libérate; sospecha, regala tiempo de calidad, aprende a soltar, brota como la semilla, suspira y duerme; llora lo que tengas que llorar, que tus lágrimas formen escalones que te ayuden a subir, que no te ahoguen, libérate; gime, goza, disfruta; sé bosque y viento, naturaleza y ninfa, rompe moldes, ten alas y piernas; sé eco, sé mundos y universos; escribe, crea tú arte, tus venas y tú cuerpo. Tú abuela la ha dejado para ti, vive en aquella constelación desde el día en que partió. Es un regalo del universo, de una matriarca a su pupila”.

La estrella se alejó lentamente dejando destello y esplendor, veo alejarse a mi madre, me ha obsequiado la pipa literaria, herencia de mi abuela.

Sueño, epifanía, imaginación, alcohol, soledad, melancolía, tiempo, estrella, mundos, una pipa literaria, viajera del espacio, del cosmos y la mar. ¡Vaya, que turbulento regalo me ha concedido la Navidad, mi madre y el universo en vísperas de un cumpleaños más!

 

Autora: Ana Cristina Espitia Hernándezpasante de la carrera de Historia por la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM). Ha trabajado en proyectos sobre la conservación del patrimonio cultural de la ciudad de México en la Secretaría de Cultura. Colabora con ensayos sobre las culturas globales en el “Museo Virtual del Mundo” y en la revista de la Facultad de Filosofía y Letras Nueva Época, sus intereses académicos van sobre el estudio del México Contemporáneo y la difusión de la Historia. Escribe  poesía, crónica literaria, minificción, poemínimos, reseñas y ensayos.

Ilustración de: Ana Cardiel

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