Hija, las estrellas son de algodón, y los planetas de migajas de pan

Pam desde niña quiso conocer las estrellas, y saber de qué estaban hechas.
¡Sí, era cierto lo que decía su papá! que están hechas del algodón de las nubes, que el viento las teje con el frío que destila su aliento, y sí, los planetas son de las migajas de pan que los colibríes se roban y esconden en los cielos. Quizá por estos recuerdos, cuando Pam creció, se matriculó en la licenciatura, en el campo de la física, y los últimos años se decidió a especializarse en la astrofísica.

 A sus 38 años es una gran científica, que, entre otras cosas, se distingue de sus colegas por el acento del vos, muy al estilo de los venezolanos, como ellos sólo lo saben hacer; además, por descubrir algunos patrones de la formación de los planetas y las estrellas. Ahora, de grande, sabe que no son de pan…

Pam en apariencia es una súper mujer, exitosa, vive en un rascacielos de una de las ciudades más prominentes, la mejor para desarrollar su carrera o mejor dicho su pasión, sin embargo, tuvo la fortuna de dar luz a su primer hijo con una extraña enfermedad congénita, ¡de esos casos que son muy raros, pero que le sucede a una entre un millón!, y con esa suerte o bendición: su niño no hablaría, ni tendría un razonamiento normal.

Contrario a otras mujeres, Pam se miró cuatro años después de haber tenido a Carlos, su hijo, y con un valor inexplicable le pidió a su marido tener otro bebé, su esposo no se quiso negar, o no pudo, así que tuvieron otro hijo.

Dicen las malas lenguas que, a aquel hombre, se le vio partir con todas sus maletas, dizque iba a dar una ponencia de un paper que por años había esperado que le aceptaran, pero, se le vio partir acompañado de una rubia.

Así transcurrieron los años para Pam y su familia, ella seguía observando los planetas con aquel gran telescopio, parecido a un vaso de unicel sin la tapa de fondo, que su padre le regaló, aunque honestamente, lo utilizaba sólo cuando él estaba de visita porqué todos sus cálculos los hacía a través de las fotografías parecidas a mapas viejos deslavados que las sondas y satélites espaciales reportaban. Fue en un verano que comenzó a sentirse muy cansada, pero no le hizo caso a su cuerpo, estaba tan enfrascada en su trabajo y en cuidar a sus hijos. Ella tenía que mandar unos reportes, trabajaba día tras día, horas y horas para desarrollar estos extraños garabatos:

garabatos

Hasta que un día, Pam se desvaneció, no despertó hasta encontrarse sentada escuchando la voz de un médico que atornillaba su cerebro con las siguientes palabras: Señora, usted tiene cáncer cervical uterino; ese sí se lo podemos extirpar, sin embargo, también tiene en los pulmones, y ese se expandió; si se hubiera atendido tiempo atrás, la podríamos salvar, pero ahora sólo le queda esperar a morir.

A partir de ese momento el viento le daba mensajes a Pam, casi de manera esquizoide, ella se arrancaba los pocos cabellos blancos que antes fueron negros, repitiendo solo unas frases inteligibles para aquel hombre de bata blanca, pero aquellas palabras sólo las entendían sus estrellas de polvo de azúcar y sus planetas de chocolate. Astros recién descubiertos que le hablaban y le decían, que ella no tenía tiempo para morirse, que ella no…

Los vientos le ordenaban que se riera de aquel hombre más lunático que las cabras fugitivas, y fue entonces cuando el Doctor, en aquel cuarto vacío, tocó un extraño botón rojo y aparecieron más hombres -también vestidos de blanco, que ayudaron a dominar a Pam, quien se convirtió en toda una fiera, arañó y sacó chispas por los ojos. Los hombres de blanco la colocaron en una silla, la amarraron con unos extraños lazos que le provocaban cosquillas muy parecidas a las que sentía cuando ella de niña; ella agarró los cables conectados a la luz e imaginó que su papá estaba con ella y le platicaba de las estrellas.

Luego, los hombres de blanco la dejaron durmiendo, ella soñó con nuevos planetas, puesto que hasta en sus sueños escribía jeroglíficos inteligibles. A lo lejos se oían voces que provenían de unos extraños pasillos.

“Hoy no la pueden ver, de nuevo tuvo una recaída, sólo quiere estar haciendo cálculos, no quiere comer. Es una pena que se haya olvidado hasta de comer, y que ahora solo tengan que esperar verla morir.”

Pam murió en aquel sueño profundo, descubriendo nuevos planetas, astros que nadie más conocerá, sólo ella, su papá y sus amigas las estrellas.

 

Autora: S. G. G. Doctora en  Arte y cultura, la línea  académica y artística que aborda  es el vínculo entre la cocina tradicional del paradigma de Michoacán y el arte, por ello, ha sido ponente de congresos: locales, nacionales e internacionales, con temas relativos al patrimonio de la cocina tradicional. Actualmente está comenzando su faceta como investigadora  y artista por lo cual ha elaborado: los paisajes sonoros de “Sin Maíz no hay País”; el videoarte Salsa de Flor P´huré y el Primer recetario bilingüe del idioma p´huré al español de la comunidad de  Pichátaro Michoacán.

Imagen tomada de: https://wallhere.com/

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