Cuando te vuelves feminista, la vida cambia

Mi burla hacia el feminismo era la misma que la de todos ustedes, debo confesar que mi odio hacia “esas mujeres” era bastante, llegué a discusiones interminables por causa de mi ignorancia y opiniones machistas, incluso fui pro-vida. Pero qué iba a hacer, si me enseñaron a atender a los hombres y ser lo que ellos quieren que seas, me educaron para estar en la casa, para hacer cosas que solamente “eran apropiadas para una señorita”. Yo quería imponer esas ideas a todo el mundo, de la misma forma en la que me las impusieron a mí.

Sí, esa era mi postura, pero decidí cambiar por muchos motivos. Recordé aquella vez que, siendo una niña de 12 años, me tocaron por la calle y habiendo un testigo de esto, ambas decidimos callar, porque sabíamos que sería yo a la que iban a juzgar, lo peor de todo fue cuando vimos esto como algo normal, 12 años tenía.  Luego, recordé que aproximadamente a los 14 comencé a lidiar casi todos los días con el acoso callejero, viviendo a pasos contados de la escuela, lo sufría. También hice memoria de las incontables veces que mis amigas, asustadas, platicaban anécdotas el acoso sexual que habían sufrido de la misma forma. Y cómo no mencionar cuando tuve que correr del tipo que, además de faltarme al respeto con sus palabras, decidió perseguirme unas cuadras; también pensé en aquella vez que me mandaron un mensaje pidiendo ayuda por que un depravado venía detrás de una de mis mejores amigas; o cuando a una de ellas la tomaron por descuido y se la llevaron, dejándola psicológicamente afectada por el resto de su vida. Recordé aquella vez que me dejaron asustada, amenazada y alarmada, teniendo noches de insomnio pensando en si realmente me harían daño. Rememoré claramente la última vez que un hombre me faltó al respeto, fue hace apenas unos días camino a la escuela, no, no iba provocativa, llevaba mi uniforme normal y un suéter holgado, y no, no es que no me haya dado a respetar, me faltó al respeto por el simple hecho de ser mujer.

Por esas y muchas razones más, ahora apoyo a esas “feminazis” y a esas “ridículas” de las que tanto te burlas.

El feminismo me enseñó que como mujer no tengo que darme a respetar, tengo que ser respetada por el simple hecho de ser una persona; no tengo que ver lo que es “apropiado para una señorita”, porque haga lo que haga, lo seguiré siendo, sin ponerle un rol de género a las acciones; me enseñó a no ser lo que un hombre te dice, si no a ser lo que yo, y solamente YO, deseé. El feminismo te muestra todo lo que una mujer es capaz de lograr.

Debo decir que, no tengo ningún problema con esas paredes rayadas, esos vidrios rotos, esas estatuas “destruidas”, con lo que sí tengo un problema, es con la impunidad e inseguridad que hay hacia un asesinato, una violación y el acoso sexual. Tengo un problema hacia los delitos que se cometen día tras día contra nosotras, sin ningún tipo de justicia. Sí, tengo motivos de sobra. Lamentablemente hasta que no lo vives, no lo comprendes. Así que, si eres de esas personas que “odian” o juzgan a las mujeres que luchan, ten empatía por aquellas que han sufrido o están sufriendo, por aquellas que ya no van a regresar, ten empatía por las familias rotas a causa de un feminicidio, por las madres que no volvieron a ver a su princesa, por los niños que se quedaron sin madre, por los chicos que perdieron a la mujer que amaban, esta lucha no es en contra de algún género o una institución específica, es contra la impunidad que existe en este país. Y, si dañando lo material se llama la atención de quienes deben atender tanta injusticia, entonces que acaben con todo, que lo quemen todo.

 

Autora: Diana Guadalupe Crespo Reséndiz, nació un 29 de septiembre de 2003. Es originaria de Querétaro, Qro. Estudiante, actualmente cursa el 4to semestre de preparatoria. Aunque es una chica extrovertida, que ha tenido algunos problemas emocionales, tiene muchas ganas de salir adelante, y poco a poco ha aprendido cómo mantenerse en pie. Es feminista y expone sus opiniones e ideales de forma libre y sin miedo. Escribe desde los catorce años, es amante de la literatura y la música. Formó parte de un taller de creación literaria, y desde entonces trabaja sus textos, además de tener el firme propósito de involucrarse cada vez más en el mundo literario.

Ilustración de:  Maremoto

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