No es No

No es No, siempre. Cuando se trata de un acto sexual y, después de un NO, se continúa sin el deseo de la otra persona, simplemente es violación.

Sigo en shock. Lo asumí ayer en terapia, aunque lo entendí mucho mejor después de ver el monólogo “No sólo los golpes duelen” de Pamela Palenciano, más de cinco veces, sin poder terminarlo porque a mí: “mi novio me violó”.

Recuerdo que aquella vez dije NO, muchas veces. Y a pesar de ese NO con palabras, con gestos, con acciones, tú seguiste insistiendo. Hoy sé que todas las acciones de coerción, la insistencia, el tener relaciones sin deseo ¡es violación!

¿Lo puedes creer?

Lo escribo porque no te lo puedo reclamar, porque sigo creyendo que es mentira, que yo lo inventé, pero sé que si lo leo pensando que otra lo escribió le voy a creer, por eso me voy a leer. Voy a escribir, para ver si me creo como les creo a las demás.

Nos cuesta entender que NO, es eso NO. Sin más. No hacen falta los reproches, ni frases como “es que no me deseas”, “me hace sentir mal no gustarte”, “me rechazas”, “por tu culpa mi autoestima está destruida”, “¿cómo con otros sí podías?”, “¿por qué nada más cuándo tú quieres?”. La palabra “NO”, debería ser el fin de esa conversación.

Aun cuando yo ya había dicho que no, expliqué más de una vez, más de diez, que no tenía ganas, inventé pretextos, fui a terapia de pareja, terapia individual. Pero tú seguías sin entender que NO es NO. Todo esto sumado a que TÚ sabías que estaba atravesando un proceso terapéutico por el abuso sexual que viví de niña. ¿Cómo iba a tener ganas?

Cómo tú, diciéndote deconstruído, diciéndote defensor de derechos humanos, aliado, macho en deconstrucción, en búsqueda de la iluminación y la consciencia, lo hiciste. ¿Cómo lo hiciste?

¿Cómo no lo vi en ese instante?, siempre enojada, siempre a la defensiva, siempre “violenta”, porque me hiciste creer que era violenta, siempre me tenía que esforzar el doble para tu aprobación, nunca fue una admiración, era una competencia. Nunca me agradeciste, siempre te ofendiste y me viste como rival, no como compañera.

¡Qué equivocada estaba!

Pero sabes qué, no me voy a culpar más, porque de eso ya me llené mucho la cabeza y el corazón durante 27 años.

Agradezco mucho que me mandaras a la chingada, porque yo estaba demasiado alienada. Y me caga admitirlo, pero así fue. Y estoy segura que cuando leas esto vas a decir “te dije que cuando termináramos te ibas a inventar que soy un macho violento”. Créeme, me esforcé por no hacerlo. Tanto, que sigo sin creerlo.

Pero lo escribo para poder verbalizarlo y leerlo, hasta que entienda que si una dice NO, ES NO. Y punto, no tienes por qué insistir, no tienes por qué presionar, ni culpar, eso es acoso sexual, igual que mandar fotos sin consentimiento, acariciar sin permiso, enviar mensajes eróticos sin más, excusándose en que “es que, contigo uno nunca sabe cuándo vas a querer”, “para mí es muy importante la sexualidad, claro que me enoja que mi pareja no quiera estar conmigo”, como si tener sexo con tu novio fuese una obligación.

Dime, ¿cómo no iba a sentir culpa? ¿Cómo no iba a sentir rabia?

Dime, acaso obligar, presionar y chantajear hasta que la otra persona ceda, ¿no es violación? Hacerlo, aun sabiendo que la otra persona no lo desea.

¡Sí lo es, y lo tengo claro!

¿Te acuerdas del verso que dice: “NO, te dije que NO, pendejo NO, mi cuerpo es mío yo decido tengo autonomía, dije NO”?, pues hace eco en mi cabeza. Lo canté en la marcha del 8 de marzo, en Chihuahua, la primera vez que nos reunimos más de diez mil mujeres hartas de este estado feminicida. Nunca había sentido un abrazo tan grande, solíamos ser a lo mucho 200 o 300. Esta vez, fuimos miles y miles, aunque la prensa y las voces enojadas digan que éramos una o diez, nosotras sabemos cuántas éramos, ¡cuántas somos! ¡Porque ya no seremos una o diez, seremos miles!

¡Somos miles, todas!

En ese momento de la historia, donde nos convertimos en mujeres históricas, me subí en lo alto al inicio de la marcha y compartí unas palabras, mostré mi vulnerabilidad y dije ¡NO ES NO! al final de mi posicionamiento, y escuché tantas voces haciendo eco de la frase, eso que nunca olvidaré. Mis piernas temblaban, creí que me caería, que me orinaría, que iba a desmayarme, veía doble. Y, ahí frente a todas, me di cuenta de que muchas veces dije NO. Y que, aunque antes no se respetó, de ahora en adelante siempre haré valer que No, es No. Mi cuerpo es mío, y mi deseo también.

 

 

Autora: Itzel Cervantes. Poeta feminista. Nació en el noreste de Chihuahua, creció en la sierra de este estado, donde exploró por primera vez las letras. Es licenciada en Ciencias de la información, tallerista de programas culturales género y feminismo, creadora del fanzine “florecer”, fue editora y colaboradora del proyecto “femzine” de Movimiento Malinche, colectiva feminista de Chihuahua, integrante de “Reborujadas” proyecto feminista de poesía coral, participante activa de en movimientos de poesía a nivel local y colaboradora de diversas revistas y blogs literarios a nivel nacional e internacional. Creadora del proyecto Meraki y cofundadora del proyecto feminista emergente “Rimadoras”.

 

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