Mamá, disculpa por ser feminista…

Mamá, disculpa por ser feminista. Así comencé una carta, ante la mirada triste de mi madre por haber asistido a la marcha por la legalización del aborto:

Te asustará que los medios constantemente nombren feminazis a otras a quienes estamos en movimientos feministas. No te preocupes, nuestras protestas no han provocado ningún genocidio. Tampoco odio a los hombres, madre, pero no puedo decirle a mi amiga abusada, la violentada, la que tuvo que tener un hijo en contra de su voluntad: amiga, hay hombres buenos. Porque no se trata de defender a unos; es un sistema. Porque me enseñaron a amarme y no cerrar los ojos ante el prójimo. Siempre dijiste que actuara como si alguien estuviera viendo. Eso hago, alzar la voz por quien juzga a la que pide ayuda, para que quien lo necesite, sepa que estoy ahí, dispuesta a tenderle la mano.

Yo he llegado a los 28 años sana y salva, pero proclamando nos están matando, nos están desapareciendo y pensarás que estoy loca, que soy una rebelde tardía. Exijo derechos, les digo a ellas que estaremos aquí y preguntarás si no ha sido suficiente el amor que me profesa mi padre, si me habrán tocado tan malos novios, o existirá algo que no te he contado, que me hace odiarlos tanto.

Gracias por darme la fuerza y empatía para ver en mi entorno otras formas de vivir; por amarme con las agallas para ser quien soy y enfocar mis energías (en lugar de ahogarme entre las olas de odio en calles y redes sociales), en defender, estar, buscar la fuerza de voluntad para respaldar, apoyar y hacer visibles las grandes diferencias y desigualdades. No tengo otra forma de pagar tanto amor recibido por ustedes, que compartirlo, como un rayito de esperanza, a las que ya estamos aquí, con los dos pies sobre la tierra, porque nos queremos fuertes, enteras, felices; porque nos queremos vivas.

Pensarás que tú no eres pro-aborto o feminista y veo en tus ojos un poco de dolor al asumirme como tal. Saliste embarazada muy joven y como una adulta, afrontaste todo lo complicado del embarazo. A veces me pregunto ¿pensaste que no debí haber sido?, pero tomaste una decisión, confiando a ojos cerrados en la compañía de mi papá, quien después de tantos años sigue ahí al pie. Yo no veo a mi padre, para nada, con odio, rencor o angustia; veo al mejor que me pudo haber tocado y digo padre, también mi ejemplo de vida en lo laboral, pero no puedo meter las manos al fuego por él (como por nadie) como pareja, porque nunca lo conoceré desarrollando ese papel como mi contrapeso; ni siquiera recuerdo, malo o bueno, cómo fue contigo, pero sí conozco el profundo respeto y admiración que sigue habiendo entre ustedes.

No, no has hecho nada malo, nos educaste con amor y con la fuerza para reconocer que valemos, no más que las demás personas, sino lo suficiente para no quedarnos en un lugar en que nos hagan daño.

Dicen que uno suele cargar culpas, y me pone triste ver tu carita como cuando decidí (no sé si lo hice en conjunto con mi hermana, o quién lo hizo primero) no ir ni una vez más a misa. Mis ideas, como asistir a la marcha de la marea verde, no son consecuencia de lo primero; siempre tuve mis dudas, aun con la intención de acercarme a un dios, como creencia, antes que como religión. Creo que cada religión puede fundar una columna indispensable que mantenga a las personas con fe y valores, suficientes para afrontar la vida, mientras se basen en el respeto y amor para sus compañeros feligreses, como para los que profesen otras creencias. De lo que sí estoy en contra es de la doble moral, que señalen como si fueran perfectos y no les baste con juzgar y decir a partir de su credo: quieren que su palabra se haga ley sobre la de otros, que se apedree y lapide a quien no la cumpla.

Ya es mi turno de hacerme responsable de mis decisiones y emociones. De ustedes aprendí la empatía, consciencia, sensibilidad y amor por el mundo; y por eso, no puedo, por mi suerte, dejar de ver los hogares en que lo normal son las drogas, los robos, los golpes, las violaciones. No puedo cerrar los ojos a lo que sucede a mis amigas, hermanas o conocidas.

No puedo cerrar los oídos cuando una amiga suelta otra frase que iría a mi libro (de verdad podría hacer un libro) de razones por las que un sujeto no quiere usar condón, siendo pareja estable o no, siendo fiel o no. Un embarazo, ahora que ellas no son adolescentes, que cuentan con la capacidad de afrontarlo, sería lo de menos, pensando en las enfermedades de transmisión sexual y otros males. Por eso la primera consigna de la marcha verde no es abortar, sino tener EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR.

Cada vez es más temprana la edad en que están iniciando su vida sexual; prohibirlo no evitará (no ha evitado) que cada ser la comience acorde a su deseo, valorando o no su desarrollo psicosocial; por eso la segunda consigna es ANTINCONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR. A mí me han querido hacer sentir culpable por ser tan sensata; porque debo ser anormal por no dejar que una calentura, el alcohol o el amor (que juntas o separadas suelen nublar los sentidos), sobrepase mis decisiones. Y lo que parecía ser de otra época, el terrible discurso machista de que se es menos mujer si optan por un método definitivo; no es cosa del pasado:

Mujeres impedidas en el servicio público de salud para realizarse la operación que les impida tener hijos, no con fundamentos científicos, para que ellas decidan lo que más les convenga, sino porque no han tenido suficientes bebés o están en una edad temprana, en la cúspide de su edad reproductiva. Si asumimos nuestra protección y cuidado; malo. Si no lo hacemos y confiamos en el otro: malo, igual tenemos que hacernos responsables. Parece que estamos obligadas a cargar siempre un peso más grande por ser mujeres, porque se cree que por naturaleza estamos listas para ver nacer y cuidar una vida. Los hombres no y por eso, históricamente han podido abortar su responsabilidad de ser padres.

No podría dar una charla para convencer a mujeres de no abortar, diciendo miren, me dieron una oportunidad y qué feliz soy, tengo unos padres increíbles; miren cómo disfruto la vida porque me dieron la oportunidad de vivirla. No puedo porque ese discurso que sería aplaudido por otros tan privilegiados como yo, que han tenido acceso a educación, salud, amor y estabilidad económica; se desmoronaría ante un niño que en la calle, albergue o casas hogares padece de hambre, frío, adicciones, abusos, enfermedades o abandono de los padres.

No puedo ignorar a las que –el aborto no deja de existir porque no sea legal– han muerto por hacerlo en condiciones insalubres, clandestinas, con aparatos y formas caseras, riesgosas y violentas. Las que han terminado en la cárcel en su mayoría indígenas, pobres, denunciadas por venganza de su pareja, suegras y/o patronas (a partir de la realidad de comodidad distinta a ellos, como si estuvieran aprendiendo al que va haciendo mal a la sociedad con sus actos).

Los abortos han existido solo para unas cuantas y sin embargo, no creo que alguien opte por esa opción como deporte antes de usar anticonceptivos. Por eso, como última opción, la consigna final es: ABORTO LEGAL PARA NO MORIR – LA MATERNIDAD SERÁ DESEADA O NO SERÁ, porque defender el cuerpo de la mujer y las decisiones que se tomen sobre él no es contrario a defender la vida, pues se defiende la historia, los lazos familiares, los proyectos, la libertad de quien puede o no procrear.

Mamá, es así como no solo defiendo mi derecho a abortar, defiendo el derecho a que quien lo decida, sobreviva en esas circunstancias y continúe con su plan de vida; que no traiga a un ser que no será deseado, porque también creo que LA VIDA SERÁ DIGNA O NO SERÁ.

Fuente original: Sugey Navarro en Divagaciones de una mente sin reposo, para El Comentario Semanal el Lunes 21 de octubre de 2019 (p. 10)

https://elcomentario.ucol.mx/numero-393/

https://issuu.com/jferruzca/docs/n_mero_393

 

Sobre la autora: Sugey Navarro, mujer de letras Un día…decido/he decidido/decidiré entre libros y vestidos: diré que quiero andar desnuda; puedo regocijarme en letras y cobijarme en tiempo, cubrirme del frío con noticias caducas, tejerme un rebozo a hilo de trama de unos cuantos cuentos. Lo sé y lo resuelvo, pues no existe prenda que haya aliviado esta soledad, no hay zapatos que hayan trazado mi destino, marcado el paso, dejado huella, como los seres con que he conversado a través de sus historias. En mis ropas no hay promesa y esperanza, como se asoma entre las líneas de alguna prosa; no hay tela que al roce de mi cuerpo, tenga el abrazo que regala la poesía, la salvación, el hogar para la locura…

 

Un comentario en “Mamá, disculpa por ser feminista…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s