Ser mujer hoy

Ser mujer hoy es vivir con miedo. Salir a la calle con la paranoia ligada permanentemente a tu existencia. Abrir todos tus sentidos para recibir la mayor cantidad posible de información, y poder identificar cualquier ataque en potencia. El temor de no regresar a tu casa te carcome y te desgasta. Necesitas cuidarte mucho más. La tranquilidad parece inalcanzable.

Ser mujer hoy es ser tratada de cierta manera sólo por contar con elementos visibles que son relacionados con el género femenino. Enfrentarse con gente que piensa que por tener tetas automáticamente te pertenecen labores de casa, que no tienes opinión y si la tienes no importa, que sólo puedes aspirar a casarte – con un hombre, por supuesto – y tener hijos, que tienes que pedirle permiso a alguien más para poder hacer lo que quieras hacer. Escuchar el mismo discurso tantas veces que llegas a creerlo.

Ser mujer hoy es haber recibido acosos sexuales desde que eras niña, escuchar a hombres mucho mayores que tu decirte lo bien que te ves, haber sido tocada sin tu consentimiento una cantidad incontable de veces como si ese fuera todo el punto del cuerpo femenino, ver hombres en lugares públicos masturbarse mientras te voltean a ver a los ojos, oír frases con clara connotación sexual hacia tu cuerpo siendo calificados como ‘halagos’, ser receptora de violencia en tantos niveles durante tanto tiempo que se llegó a interpretar como ‘normal’ y en algunos casos hasta ‘tradición’.

Ser mujer hoy es estudiar en un ambiente de desigualdad basado en el género. Escuchar que no se debería de desperdiciar la educación en una mujer que va a terminar teniendo hijos. Que tus maestros asuman que odias las matemáticas o la física porque ‘esas materias son difíciles para una mujer’. El uniforme para niñas únicamente puede ser falda, tu letra tiene que ser mucho más bonita, deja hablar primero a tus compañeros hombres. Que los profesores piensen que tu menstruación es sólo una excusa para no estar en el salón, a una edad en la que ni siquiera puedes articular las emociones y sensaciones por las cuales estás pasando.

Ser mujer hoy es encarar parámetros arcaicos en el ámbito laboral, ser interrumpida constantemente cuando intentas exponer tu idea, repasar varias veces en tu cabeza la manera más corta y eficaz de explicar tu punto, sabiendo que a los tres segundos de empezar a hablar has perdido su atención. Trabajar lo doble, tener que confirmar tu posición varias veces antes de sentirte merecedora de tus logros, mantenerte en la oscuridad por temor a opacar al hombre que con sólo decir tres frases recibe mucho más reconocimiento que cualquier mujer en la misma posición. Entrar a un sistema laboral en donde el embarazo y el cuidado de los hijos son obstáculos, recibir un salario menor sólo por tener útero, órgano que se vuelve desventaja fundamental al momento de ser elegida o no para un puesto.

Ser mujer es recibir constante presión para llegar a suponer que tu cuerpo se debe de ver de cierta manera, siempre siguiendo cánones femeninos determinados por hombres. La decisión de usar falda o camisa sin mangas está definida por la energía que estés dispuesta o no a invertir en depilarte, pues al parecer todos quieren ignorar que las mujeres también tenemos vello corporal, y por alguna razón tener vellos está relacionada con falta de higiene. Su llevas escote o falda corta automáticamente te conviertes en puta, como si tu decisión respecto a la ropa tuviera que ser a partir de lo que los demás vayan a pensar de ti. Tu comodidad jamás existió, y te ves obligada a invertir tiempo y dinero para modificarte lo necesario y así verte como las mujeres ‘deben de verse’.

Ser mujer hoy es existir con la idea de que tu cuerpo no es tuyo, y que no tienes poder de decisión sobre él. Recibir discursos constantes de que lo mejor que puedes hacer con tu cuerpo es tener hijos, como si fuera el objetivo final de haber nacido con útero. Una vez que estés embarazada – sin importar si tu accediste a ese embarazo o no -, tu cuerpo le pertenece al estado, bajo el argumento de que el producto que está en tu cuerpo debe de llegar a término, quieras o no. Te conviertes en aparato reproductor sin derechos, sólo por cargar en tu matriz ese conjunto de células que no son una persona, pero que son suficiente para sentenciarte como ‘asesina’ en caso de que tengas la osadía de decidir el futuro que quieres para ti.

Ser mujer hoy es escuchar órdenes constantemente, pues todas las personas se sienten con la comodidad de decirle a una mujer qué hacer, cómo comportarse, de qué hablar y cómo vivir su vida. Te pasaste tu existencia escuchando y repasando los pocos caminos que tenías disponibles, caminos que eran dictados por el simple hecho de haber sido asignada con el género femenino, caminos que muchas mujeres antes que ti lucharon por abrir, y que ahora te sientes con la responsabilidad de abrir caminos nuevos para quienes vienen después de ti.

Ser mujer hoy es darte cuenta de que otras mujeres pasaron por lo mismo que tú, que muchas de nosotras mantuvimos nuestra angustia en silencio porque se nos enseñó que la culpa era nuestra, porque se nos hizo creer que el sufrimiento era merecido, y que se debía de mantener en secreto. Se nos enseñó a sentir vergüenza desde muy temprana edad por ser el objeto de deseo, logrando con éxito eliminar al hombre dentro de todo este círculo de culpa que siente la mujer al ser víctima de violencia.

Ser mujer hoy es admirar la fuerza que tenemos para ir en contra de lo establecido. Luchar junto con tus hermanas para derrumbar estas ideas institucionalizadas que nos cortan las posibilidades de desarrollarnos. Tomar los espacios públicos para no sentirnos solas, darnos cuenta de que nos tenemos unas a las otras, encontrar cada vez más aliados, cuestionar en voz alta los fundamentos sobre los cuales se sostienen las perspectivas de género, sentir que nuestros cuerpos nos pertenecen, concebir un mundo donde no falte ninguna de nosotras, donde todas regresemos a casa, donde el miedo deje de ser lo primero en lo que pensemos al despertar.

 

Autora: Elba Quintero. Mexicana porque no tuve opción, berlinesa porque al final sí la tuve. Nacida en los ochentas, en medio de las exigencias irracionales tapatías, mi estado consciente se fue formando para crear rebeldía que fue encausada a distintas formas de acciones sociales. Escritora, copywriter de tecnologías de la salud, aspirante a fotógrafa, obsesionada con la comida y los perros. Mi escritura toca temas como salud mental, feminismo, migración, y Berlin; y viene en forma de poesía, crónicas, ensayo y memorias. Formo parte de la junta de Women Writing Berlin Lab, y me encuentro desarrollando varios proyectos personales de fotografía, podcast y coaching de desarrollo personal.

 

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