Estado de guerra

Abril 2020, Berlín.

1
Está prohibido salir de casa sin una identificación y sin comprobante de domicilio.
Todos los días cargo mi cangurera negra con mi pasaporte y mi Anmeldung*. Fantaseo con el momento en que un policía pregunte cuáles son mis razones para estar fuera de mi casa, y le pueda responder ‘por mis salud mental’, y que no pueda refutar mi respuesta.
¿Será que tendremos que despedirnos de la potencialidad del anonimato?

2
Está prohibida cualquier reunión de más de dos personas que no vivan en la misma casa.
Mi marido es la única persona con la cual he tenido una conversación cara a cara desde hace varias semanas. No me atrevo a preguntarle a alguien que nos veamos, pues todos mis amigos están practicando el distanciamiento físico. Lo de hoy son las llamadas, y de esas sí he tenido bastantes. La primer fiesta de cumpleaños a la que asistí de manera virtual fue muy rara, y cuando intentamos cantar Happy Birthday fue un desastre.
¿Será que la soledad física será nuestra nueva interacción social?

3
Es imperativo guardar una distancia de 1.5 metros entre personas que no vivan juntas.
Hacer filas nunca me había angustiado. Estaba acostumbrada a ellas, especialmente cuando una vive en ciudad grande, pero ahora las filas son kilométricas, y esto le agrega un dramatismo palpable. Hemos tenido que hacer fila para entrar al super, a la ferretería, y para elegir nuestra fruta en el tianguis. Hasta las farmacias tienen personal de seguridad que se asegura de que exista una separación entre las personas.
¿Será que de ahora en adelante nos tendremos miedo?

 
4
Está prohibido salir de casa sin una razón válida.
Salimos a comprar comida, a comprar medicinas, a hacer ejercicio, o a caminar. También está permitido salir a consulta con tu doctora o doctor. Las autoridades alemanas han hecho lo posible para evitar el confinamiento obligatorio como en Italia o España. La gente en Berlín sigue saliendo. Se ven muchas menos personas que lo usual en Mitte, probablemente sea porque ya no hay turistas. En el resto de los barrios la vida parece seguir igual.
¿Será que empezaremos a cuestionar nuestras propias razones antes de salir a los espacios públicos?

 
5
Llevo dos años y medio en Berlín, ocho en Alemania. Antes del coronavirus, el tema de la guerra era algo existente, como un fantasma que a veces pasa dejando una estela de perfume. Ahora tengo flashbacks de algo que nunca viví. Ahora veo las calles solas y me remontan a esos momentos que tantas personas describieron y documentaron, a eso a lo que nadie quiere volver. Ahora trato de adaptarme a una nueva normalidad que no existe.
¿Será que tendremos que normalizar el estado de guerra?

*Documento oficial de empadronamiento.

Autora: Elba Quintero. Mexicana porque no tuve opción, berlinesa porque al final sí la tuve. Nacida en los ochentas, en medio de las exigencias irracionales tapatías, mi estado consciente se fue formando para crear rebeldía que fue encausada a distintas formas de acciones sociales. Escritora, copywriter de tecnologías de la salud, aspirante a fotógrafa, obsesionada con la comida y los perros. Mi escritura toca temas como salud mental, feminismo, migración, y Berlin; y viene en forma de poesía, crónicas, ensayo y memorias. Formo parte de la junta de Women Writing Berlin Lab, y me encuentro desarrollando varios proyectos personales de fotografía, podcast y coaching de desarrollo personal.

Ilustración de: Guo Jing

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