Toma mi mano

Querida pequeña:

 

Te escribo con las emociones a flor de piel, sólo para decirte que ya no estás sola, que hoy estás a salvo, que estoy lista para cuidar de ti, pero debes saber que yo tampoco estoy sola en esta lucha.

Quiero decirte que no puedo cambiar el pasado, pero el pasado sí me cambió a mí, me enseñó el camino para coincidir con mis hermanas, y las herramientas que hoy tengo para protegerte y luchar por tu libertad.

Sé que estás angustiada y confundida, no entiendes tu miedo y te sientes desprotegida, pero hoy estoy aquí para buscar respuestas a tu dolor.

Para empezar, estoy consciente que te enseñaron que nuestro propósito es cuidar del otro, que tu belleza física y tu peso es directamente proporcional al amor y respeto que mereces,  sé que te enseñaron que debes vestirte, peinarte y maquillarte para ser atractiva para el sexo opuesto, que debes de esforzarte en cumplir con los estándares de belleza, que debes ser cariñosa, protectora, obediente, inteligente y responsable para gustarle a los demás y, así, ganarte un lugar,  te enseñaron que la productividad te dará una sensación de bienestar; que la pareja ideal es entre un hombre y una mujer, te enseñaron que quien te quiere te hará llorar, por esa razón, tu compañero de clases te molestaba porque te quiere…

¡Ay! Te enseñaron que del odio al amor hay un paso, que el esfuerzo duele, de lo contrario no sirve, que entre más soportes el dolor, más valiosa eres y serás recompensada con un hombre fuerte que te protegerá, y así sanarás tus heridas, pero que debes de respetar las jerarquías, pues el rol de tu amado es protegerte a cambio de tu obediencia y cuidados.

Mi pequeña,  todo lo anterior no te hacía sentido, ¿cierto? Así que empezaste a cuestionarlo, y consecuente te enseñaron que también puedes elegir ser una profesionista exitosa con la condición de ser una perfecta ama de casa, una amorosa esposa que cuida de su amado, lo seduce y se deja proteger por él, y claro, también te dijeron que, para alcanzar la plenitud, debes tener hijos; recordándote que debes ser una súper mujer para ser valiosa y que no se te ocurra equivocarte porque serás merecedora del castigo más atroz llamado “soledad”.

Déjame decir que todo eso que te enseñaron, fue la semilla de los miedos que hoy no entiendes, te pido perdón por dejar que germinara.

Hoy quiero pedirte perdón por ser violenta contigo al obligarte a una sobre responsabilidad con la finalidad de obtener reconocimiento de otros, perdóname  por obligarte a quedarte en lugares que dañaban tu paz, perdóname por obligarte a cuidar y velar por las necesidades de los demás, pero a ignorar lo que tu necesitabas, perdóname por someterte a dietas estresantes que sólo ocasionaron atracones  y días enteros sin probar bocado, perdóname por mantenerte aislada y hacerte creer que tenías que permanecer escondida porque aún no eras lo suficientemente delgada para que te amaran, perdóname por no defenderte cuando te hicieron creer que no tenías talento para bailar, tocar un instrumento musical, escribir y pintar.

Sí, me disculpo por reforzar esos temores al no defenderte cuando te dijeron que no podrías ser una gran abogada porque no tienes el derecho de natura, por no defenderte de los comentarios sexistas e incluso reírme en ocasiones. Perdóname por mantenerte en relaciones que te hicieron infeliz por pensar que resistir es parte del acuerdo. Perdóname, por hacerte creer que estabas a salvo si mantenías como secreto los placeres sexuales de tu padrastro, que, a la vez, te convirtieron en cómplice.

Perdóname por exigirte tanto, por estar tan enfocada en la perfección que no te permití tomar un respiro para festejar tu progreso.

A veces siento que te he dañado tanto, que me he dañado tanto. Pero te pido que me entiendas, no tenía las herramientas que hoy tengo para defenderte y cuidarte. Procuro entenderme, desde el amor y la teoría.

Pequeña, aunque no lo creas, ya puedes salir del rincón donde te escondes.

No tengas miedo, dame tu mano. Hoy te abrazo y cuido de nosotras; confía en mí, hoy soy una mujer libre, independiente y fuerte. Nos protegeré siempre.

Puedes estar en paz, tranquila y libre de responsabilidad porque hoy, yo voy a cuidar de ti, hoy soy yo la responsable de sentir y canalizar nuestras emociones, hoy soy la responsable de soltar todas esas expectativas que te abruman.

Ya no corras a esconderte, descansa un instante, ya no tienes que huir, hoy ya no tienes motivos para apurarte, sólo te pido que tomes mi mano, quiero abrazarte y contenernos. Estoy lista para reconocer y entender tus heridas. Y no lo haremos solas, pues hoy somos millones con el mismo hartazgo, dolor y fuerza. Siéntete segura, porque hoy estamos luchando por ti, por todas las niñas que fuimos, que son.

Y cada vez somos más, las que combatimos dentro de esta estructura social que tanto nos dañado, las que luchamos contra los códigos de género que determinan rasgos físicos deseables para el otro, contra esas normas y símbolos que nos hipersexualizan, que nos colocan al servicio del patriarcado. Luchamos contra la heterosexualidad obligatoria para mantener los roles de género, para que hoy, tú y tus hermanas no acepten y eroticen su propia sumisión, para que las próximas a nacer vean nuestro presente inimaginable.

Siéntete tranquila y orgullosa. Sin miedo. Pues, hoy, estamos luchando contra el sistema que esclavizó tu niñez, estamos creando una revolución para liberarte a ti y a todas nuestras hermanas.

Autora: María Fernanda González Betancourt  (Ciudad de México, 1993). Licenciada en Derecho, egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de México (UNAM), litigio estratégico y defensora de derechos humanos. Fiel creyente de que, como abogada tiene la tarea de innovar y contribuir en criterios jurídicos que faciliten el acceso a la impartición de justicia en nuestro país. Bisexual, aprendiendo a ser feminista, luchando constantemente para erradicar mis conductas machistas. Apasionada, soñadora empedernida, amante del café,  el vino y el mar. Mujer decidida a experimentar lo que hasta hoy no me atrevía por miedo a no ser buena, por ejemplo: escribir.

Ilustración de Flor Meije

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