Pandemia en México ¿cómo se vive?

La vida es todo aquello que no planeas y ocurre. Un viernes por la mañana, en una fiesta infantil, las madres y padres de los niños bromean y platican, entre café y chilaquiles, sobre los posibles escenarios de esa “cosa nueva” que está en al aire: el coronavirus. Todos damos nuestros puntos de vista, claro, desde la trinchera de la maternidad y paternidad, sobre el escenario apocalíptico. Yo soy una de las dos madres que no creen que esto pase a mayores. Creo que será algo como la influenza hace doce años, “no hay porqué preocuparse y poner escenarios catastróficos” dice otra. Curiosamente las dos somos psicólogas, y lo único que nos aterra es el pánico que genera la noticia y el impacto en la salud mental de la gente. Las demás, con cara de consternación y mucha preocupación en su tono de voz, sugieren esperar y reservarnos a lo que se emita, o a las directrices que tome el gobierno.

“Es mejor no planear el cumpleaños de tu hija o vacaciones” me dice otra. Me río un poco, y aún incrédula, tomo mi sana distancia emocional de lo que me acaban de decir. ¡Ay, estás madres tan preocupas! ¡Cómo creen! ¿Voy a cancelar o posponer la fiesta de Mulán para el cumpleaños de mi hija? No, gracias. Todo termina entre risas y dulces. Una tranquilidad posterior a la fiesta se apropia de mi ser. Duermo apaciblemente. No sabía la bomba que iban a soltar. El sábado por la mañana regresando del gimnasio, cansada, muy relajada y hambrienta leo un mensaje de UNOTV, sí, esos mensajes de noticias en mayúsculas, sin signos de puntuación, y que una no solicitó pero que llegan como relojito a tu celular, al menos uno diario “ULTIMA HORA: POR CORONAVIRUS SEP ADELANTA VACACIONES DE SEMANA SANTA, SERÁN DE UN MES. TAMBIÉN ANUNCIA ESTAS MEDIDAS LINK” Se me atoraron mis deliciosos hotcakes, ¿cómo? ¿qué?  Por un mensaje de texto te enteras que tu vida, la rutina, con todo lo aburrido y tedioso que implica, las actividades de trabajo y las que realizas a placer, serán suspendidas. Qué tu hija ya no podrá asistir a la escuela, que tendrás y deberás “quedarte en casa” por el bien de los tuyos, de la sociedad, y de tu país en general.

Eso que veías tan lejano, que las noticias que leías en periódicos de algo tan desconocido como letal, como un nuevo virus al otro lado del mundo, llega a ti, a la puerta de tu casa, y por lo tanto tienes que evitar salir en la medida de lo posible. Se suspenden las clases. La SEP emite el aviso, SEGOB hace lo suyo propio. Comienzan los primeros registros de casos de mexicanos “infectados” en el extranjero. Llamémosles portadores, los primeros casos de portadores mexicanos por COVID-19 ¿Dónde está el piso? ¿Quién me lo ha movido? Es más ¿qué significa el número diecinueve? ¿Diecinueve tipos de virus, diecinueve vidas o a que se refieren el 19? En un instante, todas las fichas se han movido de lugar. “Confinamiento” es la primera palabra que pasa por tu mente, si ya de por sí es bastante pesada la logística y carga mental de la casa, aumentemos el nivel de tensión y dejemos que los integrantes de la manada estén todos juntos, con nulas posibilidades para salir.

Claro que la primera pregunta que surge en tu mente después de saber que no habrá escuelas, sino hasta el 20 de abril, es ¿podré seguir con mis actividades recreativas? ¿eso que me da luz, agua y vida podré seguir realizándolo? Para sorpresa, éstas tienen una respuesta negativa. No cines, no cafés, no gimnasio, no reuniones, no talleres, no dar terapia ni nada que implique la vida en comunidad. No a la socialización porque, literal, la convivencia con otros te puede matar. No hay más. Ergo, escuchar por todos lados la palabra coronavirus te pone los pelos de punta y dispara tu paranoia ¿para qué esperar hasta el 20 de abril para que tu hija deje de ir a clases? Determinas, como la mayor parte de las decisiones en tu casa, que lo mejor es que a partir del lunes tu hija no asista al kínder “no vaya a ser”, fin a dar consultas terapéuticas, fin a los cafés- oficinas para trabajar y leer, y también pones fin a tu rutina de pierna y brazo. Por ejemplo, la mayoría de las personas que van a los gimnasios son hombres, y ya sabemos, por un detallado hilo a modo de estudio científico en tuiter punto com, que son sucios, no se lavan manos, escupen, y cuantimás cosas una pueda pensar. Aplicas en todo el “no vaya a ser” y más me vale, a mí y a toda mi manada, refugiarse y salvaguardarse en las cuatro paredes del departamento. Allí comienza la larga procesión de semana santa que aún hoy, mediados de abril, no veo para cuando termine.

Pensé que para el puente del 5 de mayo habríamos llegado al cerro de la estrella, pero resulta que no, no vamos ni a medio camino. Así que no, gracias no, quédate en casa, no sabemos cuanto más, ni cómo estás, pero quédate en casa que el virus está allá afuera. Una semana en casa fue suficiente para darme cuenta qué todo el trabajo invisible, por el que nadie te paga, que el gobierno no reconoce y que es estandarte político para la lucha feminista por los derechos de las mujeres, se vuelve difícil realizarlo cuando todos están presentes: tu hija, tu hermano, el padre de tu hija. Ir de la cocina al cuarto solo te toma unos pasos y en el camino ya te topaste con todos, así que rápidamente hay que tomar una decisión, irse a Morelos, un municipio pequeño donde la incidencia de casos es casi nula comparado con la ciudad. Un respiro, aire puro, un poco de libertad, ficticia, pero al fin libertad. Discurrir un mes será más sencillo desde un lugar donde el alba te recibe con el cantar de los pájaros, donde tus tardes son acompañadas por flores, árboles frutales y donde el intenso brillo del sol iluminará este ocaso que parece no tener fin. Las tareas domésticas son muchas, y he de reconocer que la estructura de las mujeres que prevén como es el caso de la gran mayoría, salvan vidas. No soy del tipo de mujeres que compran por día, y más con una hija pequeña, y ahora veo en retrospectiva que esto me ha dado herramientas poderosas para las siguientes semanas: varios botes de toallitas desinfectantes, muchos paquetes de jabones para las manos, varios litros de jabón de trastes, un montón de cubrebocas almacenados, y así todo lo que está en mi despensa será utilizado en tiempos de crisis donde los productos que ahora se consideran básicos comienzan a escasear.

Las maestras del kínder envían la estructura para las dos semanas siguientes antes de las vacaciones de semana santa, ¿cuáles vacaciones? Así que, si sumamos que no puedes salir más que a lo básico como ir a por los víveres, que tienes que dar consultas telefónicas, realizar las labores domésticas y además instruir a tu hija en una especie de madre-maestra por las mañanas nos da como resultado el camino directo a la angustia con la locura como fin ¿cómo realizar todo? ¿qué elijo hacer y que no? La respuesta no llega fácil, el camino tampoco lo es, y sin embargo la claridad de saber como en un grupo de AA, sólo por hoy, sólo por hoy enfócate en levantarte, preparar desayuno, hacer yoga con tu hija, realizar actividades de coordinación motriz fina, juego, prepara comida, hacer la colada, toma un respiro, salir a jugar con ella, dormirla y si da tiempo, leer un poco. Así cada día, de a poco, no te insertes, no te detengas en los cientos de mensajes de los chats de mamás y papás, los miles de links donde te ponen actividades a realizar, donde relatan su angustia, no te centres en todas las noticias que circulan en las redes, mejor préndele de vez en vez a la novela de las siete, y que el encargado de los protocolos de seguridad médica y poblacional te cuente como va la cosa.

Así van pasando los días, no sabes ya si es miércoles o si es domingo, y tienes que fungir como maestra en horario escolar de fin de semana. Video llamadas por montón, zoom ahora es tu mano derecha para las reuniones. Hola, hola ¿cómo les va? Me desconecto. Ya no quieres estar, todos gritan, todos hablan al mismo tiempo. Hola, hola ¿pudieron leer lo que les dejé para esta clase? Hola, doctora ¿la interrumpo?, mensajes de WhatsApp al por mayor, sobretodo por parte de las mamás, (las mujeres, las madres, somos quienes más resentimos este cambio) lees mucha angustia, preocupación y por momentos logran transmitírtela.

Ahora, estas son las interacciones actuales de tu vida (fuera de la convivencia con tu manada) tu socialización y fuga se reducen a reuniones en zoom en talleres, con otras mamás, con los compañeros de la escuela de tu hija y una que otra llamada perdida de Utah entre todo esto. Te das cuenta de que eres el tipo de mujer que necesita y requiere el contacto físico, escuchar y ver a otros en vivo, además de que soy de la vieja escuela y pocas habilidades tengo para el manejo de las redes sociales o herramientas para la interacción virtual. Parezco una mujer perdida en el tiempo, no hay futuro y no es sano pensar en el futuro próximo porque solo genera ansiedad que no te brinda confort en tu día a día.

Si una piensa en cuarentena, o al menos en mi caso, me remito a aquella de la influenza, con doce años menos, sin hija y sin mayores responsabilidades que yo misma. Aquella vez, terminé entre diez y doce libros en dos semanas. Ahora no logro terminar ni uno, respiro y me tranquilizo y pienso que todo estará bien. Leo y releo a Lagarde, un bálsamo las palabras de Arundhati Roy, escribo, termino Umami, escribo, leo un par de libros sobre maternidad. Leo y re-leeo poesía en voz alta después de la hora del desayuno, es algo que implemento en este simulacro y agrada, una nueva convivencia se abre en estas circunstancias. Me ayuda escuchar las voces de otras mujeres en poesía, en literatura, y en literatura infantil. No todo está perdido, pienso que esto es un parteaguas para reencontrarme conmigo, para reencontrarme con mi hija desde otro escenario. Y aún así, hay algo que te dice que esto no terminará después de Pascua, que tal vez alargen la cuarentena hasta el primer puente de mayo ¡Equivocación! En la novela de las siete de la noche te enteras qué esto se alarga hasta el 30 de mayo.

“Necesitas alimentarte bien”, es lo primero que te viene a la mente, necesitas echar mano del autocuidado para subsistir en estas condiciones, necesitas un punch extra de energía para realizar ejercicio y no dejarlo en el camino. Todas las actividades que ahora realizas se vuelven menester y repercuten invariablemente en tu estado de ánimo y de los demás que viven y conviven contigo ¿Cuándo acabará esto? Bueno, ya lo dijeron, hasta finales de mayo podrás regresar a la ciudad y retomar lo que quede de tu vida después de esto. Sí alguien me hubiera dicho que esto pasaría a nivel mundial, a nivel país, a nivel comunidad, me hubiera reído, pero una de las tantas mujeres que soy, la que prevé está contenta y feliz de tener almacenados insumos que serán vitales en esta contingencia. Agradezco enormemente a mi yo cuidadora, porque la carga mental tiene una luz en esto. No por ello deja de ser carga, pero en esta pandemia ha funcionado y se ve el trabajo que hay atrás. No espero el reconocimiento del otro, de mi hermano o del padre de mi hija, la satisfacción de que ella está bien, y la mía propia, es suficiente. No tendría que ser así, pero sabemos que como sociedad aún hay mucho que repensar y reestructurar en cuanto a la maternidad y las labores domésticas y de cuidados y que esto debería tener una remuneración económica, pero por ahora me centro en esta pequeña satisfacción. También de eso va la vida, de pequeños logros por día.

Así que retomemos la pregunta inicial, la que nos trajo a escribir todo esto ¿Cómo se vive la pandemia en México? Para responder a esta pregunta es necesario voltear hacia las encargadas del trabajo no remunerado, a las que llevan la carga mental de la casa, es decir, a las mujeres mexicanas. Ser la proveedora principal de las labores domésticas y de cuidados, sin tener libre tránsito, es algo muy peligroso, porque más allá de evitar contagiarse por aquello que no se ve, se atenta contra la salud mental, emocional y física de las mujeres.

Un día te encuentras dando terapia o tomando talleres con otras mujeres, haciendo comunidad en alguna forma, recogiendo a tu hijo, preparando la comida, organizando la ropa de tu casa, la cena, contando un cuento, redactando un escrito, y en un abrir y cerrar de ojos todo eso se pone en un stand by. Esta contingencia llegó para salpimentar la vida con algo que no sabemos qué es, pero parece caótico y nos tendrá en constante aturdimiento. Y, no, lo verdaderamente caótico no es el virus que se encuentra afuera, sino lo que se vive dentro de cada uno de los hogares, pues está situación va mermando día con día la estabilidad y cordura de las mujeres, la violencia doméstica ha ido in crescendo. Así que hagamos más comunidad entre nosotras, echando mano de las herramientas digitales que tenemos para saludarnos, para contarnos historias, para leernos, para abrazarnos en la distancia, mandarnos amor y apoyo virtual, y fomentemos menos la estructura patriarcal que desde los inicios nos ha querido calladas y divididas.

 

Autora: Zayra Uribe (1979). Psicóloga de formación, escritora por vocación. Maestra en Ciencias de la Salud. Madre, profesora, feminista, rebelde y apasionada por la vida misma. Amante de la poesía, los libros, el café, y el olor de S.

Ilustración de: Sara Fratini

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