La voz de Concha Espina, una recopilación biográfica por Mercedes Reynoso

Este mes de mayo es dedicado a Concha Espina, una de las escritoras de la llamada generación del 98, y cuya escritura le valió diversos premios. Bastante conocida entre sus colegas, Concha desafió una época en la que la voz de la mujer era menospreciada en el ámbito literario, como en tantos otros. Hoy la recordamos por su poética prosa, sus ideales en pos de los derechos de la mujer y su vasta producción literaria olvidada con el tiempo, enterrada bajo otros nombres cuyo género no vamos a mencionar. A pesar de que ella siempre consideró la poesía como el eje vertebrador de su producción literaria, fueron sus novelas y artículos periodísticos los que sostuvieron su fama y, económicamente, a su familia (según la crítica estadounidense Mary Lee Bretz, Concha Espina es la primera mujer española que vivió con independencia económica gracias a su trabajo como escritora). La escritora española fue coetánea de la Generación del 98 y una de las pioneras de la igualdad. Una de las voces importantes de comienzos del siglo XX y candidata al Nobel de Literatura pero olvidada por sus ideas de derechas durante el franquismo.

Concha 3

Concha (María de la Concepción Jesusa Basilisa) Espina nace en Santander el 15 de abril de 1869. Hija de Víctor Rodríguez Espina y Olivares y Ascensión García Tagle y de la Vega y es la séptima de diez hermanos. A los trece años comienza a escribir versos, y el catorce de mayo de 1888 publica por primera vez, en El Atlántico, unos versos bajo el anagrama Ana Coe Snichp. A lo largo de sus colaboraciones con más publicaciones llegará a usar cinco seudónimos. Su madre se encargaba de pasar a papel los versos que su hija le recitaba; el primer libro que publicó fue un poemario y muchas de sus novelas pueden considerarse como poesía en prosa.

YO SOY UNA MUJER: NACÍ POETA…

Yo soy una mujer: nací poeta,
y por blasón me dieron
la dulcísima carga dolorosa
de un corazón inmenso.
En este corazón, todo llanuras
y bosques y desiertos,
han nacido un amor, interminable,
y un cantar gigantesco;
pasión que se desborda de la tierra
y que invade los cielos…
Ando la vida muerta de cansancio,
inclinándome al peso
de este afán, al que busca mi esperanza
un horizonte nuevo,
un lugar apacible en que repose
y se derrame luego
con la palabra audaz y victoriosa
dueña de mi secreto.
Yo necesito un mundo que no existe,
el mundo que yo sueño,
donde la voz de mis canciones halle
espacios y silencios;
un mundo que me asile y que me escuche;
¡lo busco, y no lo encuentro!…

Poema incluido en la novela La esfinge maragata, 1914.

 

En 1891 fallece su madre y al año se trasladan a Ujo, Asturias, donde el padre trabajará como contable en las minas. Dos años después, el 12 de enero, mediante un arreglo de conveniencia, se casa con Ramón de la Serna y Cueto en Mazcuerras, Santander, y se van a vivir a Chile. En noviembre de 1894 nace su primer hijo, Ramón y en enero de 1896, Víctor, el segundo.

Ese fue el comienzo de su carrera de escritora. Con apenas 25 años, se puso a publicar versos y prosas por los periódicos de América Latina, mientras aprendía a marchas forzadas el modernismo de la zona. Sin embargo, a pesar del arrojo, tuvieron que irse, en 1898, después del horror de un terremoto, ya con dos hijos y con billetes de tercera clase en un barco lleno de ratas y miseria, como muchos de la época. A lo lejos, Concha dejaba un desastre personal y regresaba a España en vísperas de un desastre de Estado.

 

¡TODO ESTÁ DICHO YA!… ¡QUÉ TARDE LLEGO!…

¡Todo está dicho ya!… ¡Qué tarde llego!…
Por los hondos caminos de la vida
pasaron vagabundos los poetas
rodando sus cantigas:
cantaron los amores, los olvidos,
anhelos y perfidias,
perdones y venganzas,
zozobras y alegrías.

Siglos y siglos, por el ancho mundo
la canción peregrina
sube a los montes, baja a los collados,
en los bosques suspira;
cruza mares y ríos, llora y muge
en vientos y celliscas;
se queja en el jardín abandonado,
en las flores marchitas,
en las cosas humildes, en las tumbas,
en las almas sombrías.

Todo el mundo es querella, todo es himno,
todo el mundo es sollozo y poesía…
Y yo vengo detrás de ese torrente
que al universo encinta,
con una canción nueva entre los labios
sin poder balbucirla:
porque ya no hay palabras, no hay imágenes
ni estrofas y armonías,
que no rueden al valle penumbroso,
y suban a las cimas,
y salven los abismos,
colmando las medidas
de las voces humanas
y los sagrados sones de las liras…
¡En este mundo lleno de canciones
ya no cabe la mía!
Loca y muda la llevo entre los labios
sin poder balbucirla…

Poema incluido en la novela La esfinge maragata, 1914.

 

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En 1900, viviendo en Mazcuerras, nace José, que fallecerá muy pronto, y en marzo de 1903, nace su única hija, Josefina.

Era el momento de las generaciones literarias, pero ella se quedó fuera de la vanguardia, porque aquel espacio no era “apto” para mujeres, y con su matrimonio infeliz, la situación empeoraba cada día más. Se cuenta que un día, el marido, ebrio de celos heteropatriarcales por los éxitos editoriales de Concha, le hizo añicos unos textos que ella había escrito con esfuerzo en su despacho. En esos tiempos no existía aún la ley de divorcio, por lo que Concha le consiguió un trabajo en México, enviándolo así lejos y quedándose ella en España. Continuó escribiendo, como una profesión heroica para mantener a sus hijos.

Curiosamente, Menéndez Pelayo (Santander, 3 de noviembre de 1856-íd., 19 de mayo de 1912) fue el primero que vio en ella un portento literario, y la animó a trasladarse a Madrid para triunfar. En ese entonces, Unamuno y Ortega disputaban filosóficamente con sus obras Vida de don Quijote y Sancho y  las Meditaciones del Quijote, respectivamente.  Concha Espina escribe entonces en su estudio Mujeres del Quijote en 1903: Dulcinea, Marcela, Dorotea como jóvenes infelices en un mundo de hombres. Al año siguiente publica sus poemas Mis flores. Colabora con varios diarios, La Atalaya, El Cantábrico, etc.

En 1907 da a luz a Luis, su último hijo. Poco después, Concha, le manda a Azorín (José Martínez Ruíz, escritor español de la generación del 98) un ejemplar firmado y dedicado de su siguiente novela, La niña de Luzmela, porque era un autor al que ella admiraba y una figura respetada en ese momento. Años más tarde en un apunte biográfico que escribió para una edición de sus obras reunidas, denunciara, la falta de recepción crítica que por ser mujer tuvo aquel ejemplar.

 “Tampoco olvido que […] dediqué un ejemplar de la obra [La niña de Luzmela, 1909] al señor Azorín, crítico entonces de ABC. Y que a los pocos días, por rara coincidencia, hallé el volumen en un puesto de libros viejos… con dedicatoria y todo.

[…] No quise averiguar cómo había realizado mi pobre novela tan rápido viaje: quizá por vías mercenarias. Pero da la casualidad de que el maestro Azorín ha menospreciado siempre el arte de las mujeres españolas con el deliberado propósito de no conocerlas; nunca ha escrito una línea de aliento ni de enseñanza para nuestra labor, y no parece una temeridad suponer que La niña de Luzmela fuese arrojada a la calle desde la mesa del crítico.”

Concha Espina. De su vida. De su obra literaria a través de la crítica universal, Madrid, Renacimiento, 1928, p. 20.

Fragmento, La niña de Luzmela:

[…]El encanto de su persona puso en el palacio una nota de belleza y de dulzura, sin agitar el manso oleaje de aquella existencia tranquila y silenciosa, en medio de la cual Carmencita se sentía amada, con esa aguda intuición que nunca engaña a los niños.

Parecía ella nacida para andar, con su pasito sosegado y firme, por aquellos vastos salones, para jugar apaciblemente detrás del recio balconaje apoyado en el escudo y para abismarse en el jardín penumbroso, entre arbustos centenarios y divinas flores pálidas de sombra […]

En 1914 publica La esfinge maragata, uno de sus libros más conocidos de su inmensa obra. Con él obtuvo el premio Fastenrath, el máximo galardón en ese momento de las letras españolas, concedido por la Real Academia Española; la misma institución que –según cuenta la biografía de la escritora en la web de Real Academia de la Historia– no la apoyó en una de sus candidaturas para el Nobel en la que le faltó un solo voto para lograrlo. Sí obtuvo, sin embargo, otros reconocimientos, como el Premio Nacional de Literatura en 1926 por Altar Mayor (ese año también lo recibió Wenceslao Fernández Flórez), el Premio la Gran Cruz de Alfonso X o la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo; en 1938 fue nombrada miembro de honor de la Academia de Artes y Letras de Nueva York y cinco años más tarde, vicepresidenta de la Hispanic Society of America.

Según Juan Carlos León Brázquez, especialista y apasionado en Concha Espina: “El libro [ La esfinge maragata] saltó las fronteras y las traducciones se sucedían, al alemán, al ruso, al inglés, al italiano…. Los críticos se fijaron en el libro y en la autora y Concha Espina empezó a convertirse en una escritora de culto, no dejando de producir literatura, con mayor o menor fortuna, hasta su muerte, en 1955”.  Cuando murió hacía quince años que se había quedado ciega, pero ni eso la apartó de la literatura.

Disciplinada y constante, se informaba y documentaba muchísimo, viajaba y se movía para pulsar la realidad y escribir de primera mano, denunciando, si era lo que presenciaba, las condiciones sociales(El metal de los muertos, ambientada en las minas de Riotinto, es un gran ejemplo de ello).

Torremozas, editorial especializada en literatura escrita por mujeres, con especial atención a poesía y relatos cortos, reconoce en ella a “una de las autoras más representativas de la Edad de Plata, tanto por su lucha personal para liberarse de algunos de los preceptos sociales que todavía continuaban imponiéndose a las mujeres, como por su perseverancia y dedicación hasta lograr que su voz literaria alcanzase un lugar privilegiado”.

No obstante, Concha Espina pasó al olvido luego de que durante el franquismo dejara ver su lado más oscuro al redactar textos de derecha. Recordemos que Concha provenía de una familia sumamente religiosa y conservadora, y que tampoco conocemos bien las razones por las cuales defendió los ideales franquistas de la época. Aun así, su legado en la literatura escrita por mujeres es digna de recordar, así como sus pensamientos en torno a la liberación de la mujer, que en aquella época (como ahora) era bastante polémica. Recordamos así a Concha Espina hoy, a 65 años de su muerte.

Les dejamos aquí una liga en donde encontrarán la novela La niña de Luzmela para lectura en línea y descarga:

https://www.textos.info/concha-espina/la-nina-de-luzmela/ebook

Les dejamos aquí una liga en donde encontrarán la novel La esfinge maragata para lectura en línea y descarga:

https://www.textos.info/concha-espina/la-esfinge-maragata

Bibliografía:

 

 

Autora: Mercedes Reynoso, educadora, gestora cultural, poeta y feminista. Publicada en suplementos y antologías con poemas sueltos. Ganadora de un par de premios. Organizadora del Mariposas FEST en Los Cabos, Festival Internacional Feminista por la Diversidad. Amante de la noche, su locura y el mar.

Ilustración de portada: Esther Alonso

Un comentario en “La voz de Concha Espina, una recopilación biográfica por Mercedes Reynoso

  1. Gracias por compartir la vida y la obra de esta gran mujer. Qué importante es conocer a las mujeres que nos preceden en el camino. Un abrazo fuerte

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