Humanidad sin madre

Cada niño es un reflejo de su hogar, dale confianza y será confiable, respétalo y será respetuoso. Ámalo y será un gran ser humano. El autor desconocido, entre Pinterest y Facebook, y miles de internautas quieren llevarse la fama con esta frase, que digo la fama, serían los “like” de los fans, usuarios y/o seguidores, u otro similar que forme tendencia en el rating de las redes sociales.

Reitero, la frase: Ámalo y será un gran ser humano. ¿Un gran ser humano? Cada vez creo que conozco menos, vale mencionar que afirmo tal hecho, desde la confianza y complicidad contigo, según mi sistema de creencias, mis paradigmas y paradojas, vale decir un criterio humilde e ignorante de muchas cosas y casos de la vida. ¿Qué características tiene o debe tener un gran ser humano para ti?, ¿para nosotros?, ¿quién debe formar y por ende dar vida a este gran ser humano?, ¿es un privilegio, un acuerdo social o un mandato divino?, ¿por qué tenemos la sensación de ausencia de estos “grandes seres humanos?, solo en este punto me detendré, nos detenemos, más no es un deber, es una invitación a un viaje de letras, pasiones, coraje, elucubraciones, y mucha esperanza al final del camino.

Iniciamos el viaje. Un gran ser humano se forma de luz, no sé sí de amor maternal, de sexo desenfrenado, de vil ultraje, de tradición o de la modernidad del alquiler de un vientre. No pretendo, reflexionar en el particular hecho que los seres humanos son concebidos por las mujeres. Solo, me permitiré compartir un par de líneas de un buscador muy conocido:

“El embrión es la etapa inicial del desarrollo de un ser vivo mientras se encuentra en el huevo o en el útero de la hembra. En el caso específico del ser humano, el término se aplica hasta la octava semana desde la concepción (fecundación). A partir de la novena semana​, el embrión pasa a denominarse feto. En los organismos que se reproducen de forma sexual, la fusión del espermatozoide y el óvulo en el proceso denominado fecundación determina la formación de un cigoto, que contiene una combinación del ADN de ambos progenitores”[1].

Un par de procesos más en un promedio de 9 meses, he allí la maravilla de la creación, una luz se enciende en el universo, esa luz es una en un millón, será una llama inmensa en conjunto con otras de su mismo linaje, mejor aún si están enlazadas por el delgado hilo de la vida, que los guía y alienta a continuar. Ese hilo de la vida, merece todo el respeto, admiración y agradecimiento por mantener la armonía del universo. Sin embargo, he advertido solo caos en demasía, racismo, violencia, corrupción, maltrato, trata de humanos, pandemia, venta ilegal de órganos, asesinatos… mejor no citar más, y dejar que estás líneas decanten la reflexión sobre “Humanidad sin madre”. Solo tomé un par de datos del día a día:

Desde el 2000 fueron asesinados violentamente más de 2,5 millones de latinoamericanos, según el instituto Igarapé, un centro de análisis con sede en Brasil[2].

La tasa de homicidios es tres veces superior a la media global, ocho de los países más violentos del mundo están en América central y en el Caribe y 43 de las 50 ciudades con mayor tasa de homicidios está en Latinoamérica. EFE/Archivo[3].

La OMS dijo que cerca de 800.000 personas mueren por suicidio cada año, más que quienes mueren por malaria, cáncer de seno o por la guerra o los homicidios, y lo calificó como un “problema grave de salud pública mundial”[4].

…Ya son más de 30.000 muertos por coronavirus en América Latina. […] se han registrado más de 4,7 millones de casos de covid-19 en todo el mundo, incluidas al menos 318.000 muertes[5].

Reitero, acaso solo frente a mis ojos, se ve a ¿la humanidad sin madre? O quizás solo se están extinguiendo los grandes seres humanos o simplemente se han perdido en el camino, es más, me atrevo a preguntar: ¿necesitamos grandes seres humanos? ¡No! solo necesitamos volver a ser humanos, ni grandes, ni pequeños, necesitamos compartir la visión de que algún día “nadie se más que nadie”, dicho en palabras de mi amigo Manolo, ya quisiera yo, le digo amigo porque comparte y me escucha en sentido figurado, cantar sus letras y recitarlas desde el alma porque siente como muchos, pocos, como yo[6].

Antes de irnos por la melodía del arte, regresemos al meollo del asunto de estas líneas, el mundo necesita ¡Urgente! una madre. Similar llamado encontré, por cosas del universo o enmarañados hilos del destino, en palabras de un representante de la Iglesia Católica: “Una sociedad sin madres no solo se convertiría en una sociedad fría, sino en una sociedad que ha perdido el corazón, que ha perdido el sabor de familia. He aprendido mucho de esas madres que, teniendo a su hijo en la cárcel o postrados en la cama de un hospital, o subyugados a la esclavitud de la droga, con frío y calor, con lluvia y sequía, no se rinden y continúan a luchar para darles lo mejor. Para recuperar la capacidad de compadecerse del otro, para superar la indiferencia, el mundo debe recuperar la mirada de madre.”[7].

Dicho desde otro ángulo, es menester que “podamos tener la certeza de que cada hijo o hija que vea la luz del día, sea producto del deseo libre de quienes, sin importar su sexo, su género o su preferencia sexual, hayan decidido hacerse cargo de ese trabajo socialmente necesario que hoy llamamos la maternidad. Quizás entonces habrá menos infancia maltratada e infeliz que en la actualidad…”[8].

Sí, el mundo necesita una madre que lo acurruqué en las noches y le perdoné las barbaridades que le hizo al planeta, o a su prójimo; necesita una madre que lleve al futuro gran ser humano al campo a plantar un árbol como vuestros antepasados; una madre que siembre el perdón en lugar del odio, ya que dicen que “cada quien ofrece lo que tiene en su corazón”. Y, no me dejaras mentir, hay muchos corazones que solo tienen envidia, maldad, dolor, venganza, indiferencia, etcétera. No obstante, dicen es la naturaleza de todo ser humano; pero, una madre le daría la confianza para encontrar el equilibrio y las fuerzas para seguir esa lucha constante entre el juez y la víctima, que día a día sentencian el existir del ser humano…

Sí, tienes razón también lo he pensado, hay seres humanos con corazones llenos de amor, solidaridad, perdón, alegría, bondad, etcétera. Solo que están en extinción, sin querer se quedaron en solitario como los tigres o los leopardos, porque se cansaron de intentar ser hormigas o abejas, fiel ejemplo de comunidades netamente gregarias. Si pues, los seres humanos somos seres semigregarios con algunos impulsos y necesidades sociales y otras solitarias. En ambos casos, necesitamos vivir bajo el resguardo de la etapa de la maternidad, necesitamos el reconocimiento y pertenencia a una familia, es preciso reconocer que la humanidad necesita “una madre”, quisiera describirte lo que significa; pero, creo que cada uno tiene su respuesta.

Por mi parte: Mi madre no solo me dio la vida, me enseñó con el ejemplo que sólo el amor de una madre confía, cuando nadie otro cree; que sólo una madre apoya, cuando todo el mundo deja de hacerlo, que solo una madre creará con sus manos, hilo y aguja el peluche que tanto quieres, aunque el rostro de plástico lo haya tomado en el camino de cosas sin valor, aromas sin sabor y horizontes del olvido, pero de muchos colores y hermosas formas que solo ven los ojos de una madre, mi madre transformó un pedazo de plástico y tela áspera de tanto ir y venir en los pasos de muchos caminantes, en el osito azul que arrastré como fiel compañero de mi infancia.

Guerrera, apasionada, con defectos y defectos; con el firme propósito de seguir aprendiendo en el camino, de intentar ser solo una luz, esa luz que contigo y muchas otras luces podamos hacer una chispa en el universo para que la humanidad se dé la oportunidad de tener una madre una vez más y empezar, aunque suene a cliché “una vez más” porque en estos tiempos a veces, la niebla solo hacer ver una “humanidad sin madre”.

Aprovecharé en reflexionar sobre tanta lucha por protagonismos sin sentido, que han desestimado la importancia de la maternidad como un proceso complejo y de transformación que ayuda a formar vínculos con el nuevo ser, la necesidad de formar al futuro gran ser humano con valores, velar para que no le falte nada, y sobre todo darle mucho amor. Sí, es posible, sí se puede, sí podemos ser mejores hijos, mejores padres, mejores madres, mejores familias y porque no ser una mejor nación, solo necesitamos una madre.

Finalmente, sin ánimo de caer en el romanticismo de pobre víctima o caer en la tentación de afirmar somos así porque la humanidad está sin madre. Ya es hora, que la humanidad se haga adulta y decida qué cosas NO puede hacer. Y qué cosas debemos hacer. En este mes, debo, quiero, puedo agradecer y rendir homenaje a las mujeres guerreras que han decidido ser ese hilo de vida que da armonía al universo. Mi mayor reconocimiento a todas las personas que han tenido el coraje para vivir la etapa de la maternidad. ¡Gracias mamá!

 

 

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Embri%C3%B3n

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-48960255

[3] https://www.efe.com/efe/america/sociedad/america-latina-es-la-region-con-mayor-tasa-de-homicidios-del-mundo/20000013-3997298

[4] https://cnnespanol.cnn.com/2019/09/09/una-persona-se-suicida-cada-40-segundos-segun-la-oms/

[5] https://cnnespanol.cnn.com/2020/05/18/coronavirus-18-de-mayo-minuto-a-minuto-de-la-pandemia-mas-de-47-millones-de-casos-de-covid-19-en-todo-el-mundo/

[6] Un día color de melocotón / Cuando todos seamos libres / Cuando las piedras se puedan comer / Y ya nadie sea más que nadie. (Canción: Canta por mí, El último de la fila).

[7] https://www.romereports.com/2017/01/02/francisco-en-la-misa-por-la-paz-el-mundo-necesita-recuperar-la-mirada-de-madre/

[8]https://www.researchgate.net/publication/273915631_La_maternidad_en_la_historia_deber_deseo_y_simulacro

 

 

Autora: Giovanna Jeanett Collanque Torres – seudónimo Gaviota azul. Comunicadora Social, con Magíster en Gerencia Social. Tengo 34 años; aprendiendo, respirando y deleitando la vida y la literatura. Apasionada por vivir, respirar, aprender y caminar para disfrutar de colores, aromas, sentimientos y paisajes de vida. Y, encantada de vibrar al escribir y saber que las letras me conectan con el mundo exterior y mi mundo.

 

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