El odio a la diversidad

La diversidad es definida como la variedad, la diferencia y la abundancia de cosas distintas. Los espacios que habitamos están llenos de diferentes colores, formas, olores, sabores y texturas, sin embargo, en la actualidad padecemos una horrible enfermedad que nos ha enceguecido y no nos deja contemplar la vagamente llamada “diversidad”. Históricamente, la vida y los espacios han sido interpretados desde el miedo patriarcal de los hombres, el conocimiento de las mujeres ha sido relegado y el todo que nos rodea ha sido entendido de manera errónea por un grupo selecto de burgueses machistas. Las teorías que rigen la ciencia actual y la moral religiosa que borra la ética del reconocimiento del otro como igual, han sesgado el entendimiento de los humanos a tal punto que vivimos en la intolerancia total ante lo que no podemos determinar y dominar.

El temor a aceptar la diversidad nace de una imposición del modelo capitalista y patriarcal, el cual ha intentado apaciguar y someter no sólo a la indomabilidad de los bosques y la vida silvestre, sino también, a la libertad de pensamiento, la libertad sexual y la libertad de expresión de la sociedad. La conquista de los países tropicales, la quema de brujas, la esclavitud de los negros, el control de la natalidad, la evangelización de los misioneros capuchinos en comunidades indígenas, la tala indiscriminada de las selvas, la preferencia por los monocultivos sobre los bosques nativos y la prohibición política de derechos a la comunidad LGBTI, son hechos que se pueden resumir en un odio fascista promovido por el miedo hacía lo diferente, hacía lo desconocido, hacía lo que no encaja. Es así como nos han impuesto un mundo inexistente, un mundo en blanco y negro con intermedios grisáceos, que solo algunos se pueden permitir ver. El odio hacía la diversidad es el resultado de la histórica e interminable subordinación de la mujer, de las minorías y de la naturaleza no humana para el uso y goce exclusivo del hombre.

La realidad del mundo es diferente a la que percibimos, cuando observamos con detenimiento la vida es una combinación de matices, es pura y física libertad, es extravagancia. La máxima expresión de la diversidad siempre está ahí; una paloma cortejando a otra paloma en la plaza del parque sin importar si es macho o hembra, un insecto copulando con una orquídea después de ser engañado, o una lagartija escurridiza que decide reproducirse sola por bipartición sin la ayuda de un macho. Porque lo que los humanos llamamos vulgarmente naturaleza es tan políticamente incorrecta como el matrimonio igualitario, como una mujer que decide abortar y vivir su libre sexualidad, como una madre soltera, como un hombre que viste de mujer y una mujer que viste de hombre. La supremacía masculina ha negado este mundo y lo ha contaminado con una religión y una moral de intolerancia, ha sometido al planeta entero a una economía basada en la destrucción, ha encarcelado a los humanos dentro de una jaula de oro llamada neoliberalismo y condenado así la vida a la desaparición.

La diversidad es ahora un mito, una leyenda, un paraíso oculto al cual nunca llegaremos si seguimos pecando. Sin embargo, hoy la sociedad comienza a entender que es hora de dejar esa historia atrás, de ver el mundo como es, de entenderlo desde su existencia nata y políticamente incorrecta; con pájaros de todos los colores y humanos de todas las razas, con copulaciones falaces que no buscan más que el placer entre dos bonobos machos o entre una mujer y un vibrador, con un cambio de sexo de un pez payaso para asegurar la supervivencia de su especie o de un transexual con poder de decisión. Hay que dejar de lado la romantización de la parca homogenización de la sociedad y de la vida, es tiempo de tumbar la idealización patriarcal del mundo, es hora de luchar por la libertad de elegir, por derribar esclavitud y el racismo nunca derrocados, por detener la quema de brujas que siguen en persecución y por conservar la vida en todas sus expresiones y formas. Hoy, ya es el día de dejar de temer a la diversidad.

 

Autora: Elisa Lotero Velásquez, colombiana residente de la Ciudad de México, nacida en Medellín (1991). Bióloga apasionada, con una maestría en curso sobre el manejo integral de ecosistemas, perteneciente al Laboratorio de Etnobotánica Ecológica del Jardín Botánico del Instituto de Biología UNAM. Su trabajo investigativo se ha centrado en el uso y manejo de los recursos naturales por parte de las comunidades rurales, campesinas e indígenas. Está convencida que la defensa del territorio es fundamental para el crecimiento de la sociedad. Sus experiencias laborales y personales se centran en el ámbito de la educación. Feminista declarada desde que se hizo consciente de su posición como mujer y simpatizante de un grupo en la actualidad.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s