El capitán en mi barco

Carta a mi padre:

 

 

Junio 18, 2017

 

Por ese momento mágico en que me concebiste dentro de tu vida, ¡gracias, papá!

Por el día en que me dijiste, anda hija, tenemos que izar las velas y aprovechar el viento para avanzar aún cuando el camino se mostraba sinuoso.

Por tus noches de desvelo intentando que yo comprendiera que aún no pasaba de marinera y ya quería ser capitana.

Por aquella tarde de verano, donde los nubarrones anunciaban amenazante tormenta, donde por mis arrebatos juveniles, estuvo a punto de naufragar mi vida, tu vida, nuestras vidas.

Por tus consejos para tomar el timón fuertemente, y mantenerme firme pese al oleaje que pretendía alejarme de mi rumbo.

Por ayudarme a mantener el barco a estribor y a babor, según fuera el caso, pues sin tus conocimientos de la vida y la mar, nunca hubiera llegado sana y salva a mi destino.

Por las millas recorridas, juntos, por los nudos en las redes, por enseñarme a pescar y a soltar lo pescado; sabes, yo no sabía lo que era el tiempo de veda.

Por mis noches de luna llena, por mis sueños marineros, por las estrellas fugaces, por mis anhelos lejanos.

Por despertarme esa noche, donde el monstruo de la laguna verde se aparecía constante y feroz queriendo devorar mis quimeras infantiles.

Por aquel día en que confiaste en mí, soltándome el timón para que yo dirigiera el viaje, sola, sin tu dirección.

Por respetar mis ideas, por tu mirada condescendiente y conciliadora, por tus risas y chistes como si fuéramos dos camaradas, dos grandes amigos.

Por recordarme que hay tres velas importantísimas en mi vida, y que una de ellas soy yo.

Por enseñarme los secretos del mar, atisbando en la distancia aquellos que tendría que descubrir por mí misma.

Por mostrarme cómo orzar mi barco a tiempo, aunque llevara todo a babor.

Por mostrarme que los caminos de la vida a veces son como una flor, exquisita, aromática, delicada, espinosa, suave y misteriosa como la rosa de los vientos.

Por señalarme la fragilidad de la vida y de la muerte, y saber que, pese a ello, siempre estarás cerca, en los luceros, en los pececillos multicolor, en las ballenas, en los corales, en los arrecifes, en los albores de un nuevo amanecer, pues he descubierto que tu esencia me acompañará siempre.

Hoy como la nueva Capitana de mi propio barco, sólo puedo decirte: ¡Gracias Papá!

 

 

Autora: Rebeca Gutiérrez Avilés. Profesora, escritora, forma parte de ESAC. Ha publicado sus letras en distintas revistas locales y en portales de internet. Ganadora del 3er. Lugar en el Concurso de Poesía en defensa del agua y la vida, con su poema “Rapiña” (2006). Junto con 35 escritores más, publican la Antología “Letras del finisterra”2010, editado por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura, a propósito del Bicentenario (2009). Dentro de la Asociación de escritores, colabora con publicaciones para la publicación de la revista: “Cuadernos de taller, Mar y letras”. Contacto: rebecagu60@hotmail.com

Ilustración de: Vladimir Kush

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