Cordialmente inventada. Digo, invitada

Él: Señorita, está usted cordialmente inventada, digo invitada. Pase por favor. Queremos presentarle la Obra Maestra. La hemos preparado algunos hombres y yo. Le explico, ninguna mujer intervino en la creación.

Ella: Ah.

Él: Es usted tan comprensiva. Siempre he querido tener una mujer así, tranquila, seductora, dispuesta. Perdón. Como le decía, algunos hombres y yo hemos creado este mundo de fantasía. Esperamos lo disfrute. Tenemos una reservación para usted, en la primera fila.

Ella: Gracias.

Él: Nos encanta que sea nuestra invitada. Sólo me resta pedirle dos cosas: a nombre de los creadores, le rogamos que usted se ponga este traje (le da un corsé). Es el pase de acceso a nuestra propuesta estética. (La observa). Veo que tiene unos kilitos de más, pero ya se pondrá a dieta ¿verdad? Y cuando pueda, píntese esas canas, por favor.

Ella: (Con el corsé puesto) No puedo respirar.

Él: Eso es lo de menos. ¡Qué hermosa se ve! Y cuando adelgace. Cuando no tenga arrugas ni celulitis. Cuando esté más blanquita. Cuando se haya pintado el pelo, la boca, las cejas, las mejillas, y se haya quitado los pelitos, desde abajo de la nariz hasta los dedos de los pies y esté lisa como un pepino, entonces sabremos que está lista para ser parte de nuestro proyecto.

Nuestra segunda petición es,  pase lo que pase, usted estará callada. Ni una palabrita. Además es tan bonita cuando junta los labios. Me recuerda los versos del poeta Pablo Neruda, Me gustas cuando callas porque estás como ausente. ¿Se da cuenta? Usted ya es mi musa. Bastó una electrizante mirada para despertar mis más bajas pasiones (trata de tocarle el trasero).

Ella: ¿Qué le pasa?

Él: Perdón. Es que, como soy un macho alfa, mi instinto no me permite controlar mis deseos sexuales y usted es tan angelical. Irresistible. Creo que ya encontré mi media naranja.

Volviendo a nuestra petición. En nombre de lo humano, es decir de los varones que hicimos esta obra, le pedimos que guarde silencio. Que desde el lugar que le hemos asignado nos observe con mucho interés sin abrir la boquita, porque le advierto que le puede ir mal.

Ella: ¡¿Me está amenazando?!

Él: ¿Amenazando? ¿Cómo pueden caber esas ideas en una cabeza tan hermosa? No permita que las ideas perturben sus bellísimos rizos. En esa cabecita sólo hay lugar para cabellos bien peinados. Perdone si soné amenazante. Quería pedirle amablemente, que no se mueva, que no pronuncie palabra alguna. Cualquier  intervención de su parte podría significar el desmoronamiento de nuestra representación. Posiblemente, después de que nosotros hayamos gozado del escenario, del movimiento y de la palabra en acción, tal vez le pidamos su humilde opinión.

Ella: Es que, yo pensé…

Él: ¿Usted piensa? No señorita. Usted no debería hacer eso. Usted, tan joven, bueno ya no tanto, pero de cualquier manera y a cualquier edad, el esfuerzo que hacen las mujeres por pensar las vuelve feas. Le explico, nada en esa cabeza tan perfecta, sólo rizos bien peinados y sin canas. Aunque, como es la única espectadora, haremos una excepción. Dígame ¿qué pensaba?

Ella: Que me habían invitado a actuar.

Él: (Ríe a carcajadas) ¿Usted, actuar? ¿En el escenario? ¿Es en serio? Pero si es mujer. ¿Acaso, no sabe que los griegos se vestían de mujer para evitar que ellas pisaran los escenarios, que las llamaron varones enfermos o incompletos por no tener pene? ¿Acaso no sabe que, durante siglos, las mujeres tuvieron prohibido actuar?

Me pregunto, cómo siguen entrando las ideas en esa cabecita. Debería hacerse los rizos más apretados para que ninguna idea la penetre, sólo yo. Perdón. Para que ninguna idea la perturbe. Usted que es tan bella que no necesita pensar.

Pero, está bien, supongamos que hacemos una excepción y participa. Dígame qué personaje elije. ¿Fedra de Eurípides que enamorada de su hijastro al no ser correspondida por éste, lo acusa de haberla violado y se ahorca? ¿Prefiere a Electra de Sófocles, que asesina a su madre para vengar la muerte de su padre? ¿Qué me dice de Desdémona de Shakespeare, la joven asesinada por su celosísimo esposo? Si prefiere algo más ligero, le va encantar Madelón de Las Preciosas ridículas, escrita por Moliére para humillar a las mujeres estudiosas, que no encuentran en el matrimonio una prioridad.

Seguro que usted no ha leído a estos honorabilísimos creadores del teatro universal. Para que lo sepa bien y no se le olvide, ellos nos legaron imágenes de mujeres que acaban locas o muertas de amor. Mujeres que se hacen pedazos entre ellas, incapaces de transformarse a sí mismas, y que orgullosas apoyan las decisiones de los personajes masculinos. Enamoradas, enemigas unas de las otras, deprimidas, ignorantes y caricaturizadas, así las necesitamos en esta obra.

Pensándolo bien, otro día le damos un papel, pero hoy, no va a actuar esta mujercita. Repita conmigo: No imagino. No pienso. No actúo. Y por favor, ya siéntese.

Ella: Yo quiero actuar.  Subir al escenario. Que las luces iluminen mi rostro, mi cuerpo. Que todas las personas escuchen mi voz. Tengo tantas cosas qué decir. Quiero contar mi historia con mis propias palabras. Ser la protagonista. Ser la voz de quienes han guardado silencio durante muchísimo tiempo.

Él: ¡Qué profanación! Cuántas veces tenemos que repetirle que en esta obra no hay lugar para las mujeres. Nosotros somos los dueños de las historias. Ustedes no tienen palabra. Muchas no saben leer, ni escribir, ¿cómo va a actuar? Escuche bien, aquí, se respeta un orden. El que nosotros impusimos, porque nosotros escribimos las leyes. Y mi palabra es la ley, como dice José Alfredo. Este mundo nos pertenece porque… no sé por qué… Ah sí, ya recuerdo, porque dios tiene cuerpo de hombre. Nosotros sí estamos hechos a imagen y semejanza de dios. Ustedes son lo otro que no es dios. Además somos más fuertes que ustedes. ¿Quiere que se lo demuestre?

Ahora sí la estoy amenazando, antes le di chance. Antes, cuando era tan hermosa que no hablaba. Pero rompió el encanto igual que todas. Tenía que abrir la boca y decir, yo, yo quiero. Las mujeres que dicen yo, pecan de egoístas. Recuerde, usted no tiene historia, usted se convierte en alguien, únicamente si tiene padre, esposo, novio o hijo. Ellos, nosotros hablaremos por usted. Le diremos quién es y lo que necesita.

¡Cómo se atreve a decir que quiere ser la protagonista! El diablo la ha poseído, más bien usted es el demonio. Usted es la culpable de todas mis angustias y todos mis quebrantos, como dice la canción de Gabriel Ruíz, que sin conocerla, él ya sabía que usted tiene la culpa como Eva, como Pandora, como todas.

Ya me hartó. Si quiere contar su historia, vaya al otro teatro. Es un foro alternativo. Un espacio que le habíamos quitado a las mujeres, pero unas rebeldes se los apropiaron. Ellas, una bola de desobedientes e insumisas. Unas que hablaron antes que usted. Que levantan la voz con tanta fuerza, que a cada rato nos hacen tambalear.

Son ellas, las que abren los caminos para las otras, las que defienden la dignidad, los derechos, la vida de las otras y de todos, las que critican, las que no se quedan calladas, las que rompen puertas, pintarrajean monumentos, las quieren quemarlo todo, las que han hecho del dolor la rabia para defenderse unidas. Y cantan, se abrazan, bailan juntas para cambiar tirar este orden de destrucción y muerte. Porque ellas aman la vida.

Vaya pues, pero devuélvame el corsé. No faltará alguna ingenua que se lo quiera poner. Sus nuevas amigas le darán unos lentes morados, así podrá entenderse con ellas y cuestionarlo todo.

Qué lástima, hoy tampoco habrá función. Sólo queríamos su aprobación, su silencio, sus ideas. Hoy, ni siquiera le íbamos a cobrar.

 

Autora: Carmen Trejo. Actriz, Dramaturga, Directora y fundadora de la Compañía Ellas en Escena. Feminista en formación, con un amplio sentido del humor está ávida de aprender cosas nuevas todos los días.

 

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