Mi vida laboral

No sé bien cómo empezar esto. Estoy muy triste.

Trabajo desde que era estudiante. Fui madre cuando estaba a mitad de la licenciatura, y quedarme sin el apoyo del padre de mi hijo hizo que me partiera en veinte para poder seguir adelante. ¡Me aferré! Me aferré a lo que quería (ser licenciada); y sacrifiqué muchas cosas para lograrlo, pensando que cuando terminara la carrera mi vida mejoraría. Creí que podría independizarme y ser más autosuficiente, solventar todos los gastos de mi hijo sin ayuda alguna. Y claro, aunque me partí en veinte, también recibí apoyo, y me siento agradecida con mis padres y aquellas personas que estuvieron a mi lado en esa gran etapa en la que muchas veces creí no poder más.

Desde que salí de la universidad, comencé a buscar trabajo acorde a mi carrea. Durante el intento me enfrenté a un sinfín de experiencias, desde entrevistas donde me hacían esperar muchísimo, hasta pruebas sobre cómo vendernos frente a los demás candidatos.  Sinceramente creo que las capacidades de todos son diferentes y no tendríamos por qué competir y exhibirnos de esa forma. Definitivamente: ¡No soy fan de las entrevistas de trabajo!

Mi primer trabajo fue toda una odisea. Ganaba “bien” pero el horario de salida era tarde. Recuerdo que la persona que me contrató me dijo que ella necesitaba mujeres responsables y que yo ahí crecería muchísimo, que ella entendía lo que era ser mujer y sobre todo tener hijos. Pero mintió. Mi horario laboral era de 8:00 am a 8:00 – 9:00pm, no podía llegar tarde al siguiente día o hacer home office, tampoco podía faltar por cuestiones familiares. De hecho, Recuerdo que un día le pedí permiso para que Diego estuviera conmigo 1 hora en la oficina y, entre dientes y gestos raros, me contestó: “Sí, Mich”. Tiempo después me fui, posteriormente caí otra vez y no resultó.

Debo decir que realmente salí decepcionada del trato que nos daban al equipo que hacíamos que las cosas sucedieran.

Tiempo después, entré como becaria a un startup. Me pagaban más que a una becaria recién egresada debido a la experiencia que ya tenía, además el horario me favorecía puesto que se acomodaba/ajustaba perfectamente al horario de mi hijo. ¡Fui muy feliz! Mi jefa era una mujer increíble, fuerte, inteligente, que sabía lo que quería, lo que merecía; todos la respetábamos. Logramos crear mucha empatía con ella, siempre respetando el papel en el que ambas estábamos; recuerdo que muchas veces platicábamos mucho. Desde el primer momento en que me entrevistó supe que aprendería muchísimo de ella y así ha sido. Trabajar en esa empresa ha sido la mejor experiencia, aprendí muchísimo y estuve rodeada de un gran equipo de trabajo. Quiero muchísimo a la gente que conocí en SB. Desgraciadamente esta empresa llegó a su fin por la situación económica del país. Llegar al día siguiente y enterarme de que habían despedido a más del 90% del corporativo, fue muy fuerte, me hubiera gustado mucho seguir trabajando ahí.

Una semana después de que salí de SB, entramos en confinamiento. ¡Pero aun así decidí buscar trabajo! ¡Nada sería un impedimento!

Después de SB, me llamarón para una empresa de tecnología, sí, a mitad de esta pandemia. Yo no lo busqué, pero llegó por alguien que quiero mucho. Pensé que esta sería la buena -igual que antes me dijeron que crecería-. Me pusieron como líder de proyecto, pero al cabo de tres meses me despidieron. ¿La justificación? La crisis. ¿Será?  A veces dudo que sea la verdadera razón.

Últimamente siento que no soy buena en lo que hago, que la gente no me toma en serio, tampoco mi trabajo. No aparentar la edad que tengo me estresa, porque soy una mujer de 27 años con un hijo, una vida que vivir y muchos sueños. Sueños que no he podido cumplir, y que cada día que pasa los siento más lejanos.

Siento que el trabajo de las personas que estudiamos Diseño Gráfico, no es importante para las empresas, está menospreciado y poco valorado. Es muy fácil despedirnos porque a veces se cree que cualquier que maneje un programa puede realizar nuestra labor.

Me siento muy mal, triste y preocupada. La inestabilidad laboral me asusta, el no poder estabilizarme en una empresa y poder ahorrar, el no poder tener una vida mejor y dársela a mi hijo.  No estoy sola, tengo mucho apoyo, pero no es justo y no quiero eso. Estudié muchísimo y amo mi carrera, quiero pensar que esto sólo es una mala racha y que ahí no era, y que después encontraré algo bueno donde pueda desempeñarme profesionalmente sin descuidar mi vida familiar. Sé que no importa que tengamos hijos o no, que tengamos pareja o no; todas tenemos sueños y queremos valernos por nosotras mismas.

Sé que muchas mujeres pasan por lo mismo que yo, y es muy difícil ser madre en un mundo capitalista donde tienes que escoger entre tu familia y un trabajo estable, sin sueldos dignos, y con horarios extremadamente largos. ¡Es muy complicado!

Aunado a ello, considero que, dada la situación que estamos viviendo, las empresas deberían ser más empáticas y valorar a la gente que quiere trabajar y que está dando todo para poder seguir siendo el sustento de su familia.

Veo a mujeres increíbles profesionales, talentosas y con muchas ganas de superarse, y que tienen que regatear su trabajo, invadidas por la ansiedad debido a la presión laboral o por el hecho de no encontrar trabajo, emprendiendo sin éxito, endeudándose, y perdiendo tiempo de experiencia que para las empresas es sumamente importante.

No he dormido bien desde hace dos días; he llorado muchísimo y siento una incertidumbre y preocupación impactante, no le deseo esto a nadie, pero lamentablemente sé que es una realidad de muchas.

 

Queridas lectoras:

Las abrazo, me abrazo y les digo sinceramente que espero que estemos bien, que merecemos trabajar en un lugar donde nos sintamos a gusto, ¡seguras!, sin la incertidumbre de cuándo nos van a despedir. Les deseo un empleo donde se nos trate como seres humanas, sociales y familiares, y no esclavas; uno donde podamos combinar nuestra vida personal con la laboral y que eso no afecte en absoluto nuestro desempeño.

La situación laboral en México deja mucho que desear. Por todos lados veo que somos la generación que no tendremos pensión, que no podremos comprar una casa, que no tenemos prestaciones de ley, aunque en la constitución dice que todo trabajador y trabajadora tiene derecho a esto. Me duele sentirme expuesta y que no me tomen en serio. ¡Estoy muy triste! -como he dicho muchas veces a lo largo de este texto-.

Sólo me queda abrazarme, y repetirme lo que digo cada vez que me siento mal: “Todo va a estar bien”, claro que, a veces, ni yo misma me la creo.

Autora: Michelle Campos, 26 años. Feminista, mamá, pasante de la Lic en Diseño Gráfico (con complejo de artista plástica), por la Universidad Tecnológica de México (UNITEC), actualmente realizo una Maestría en Diseño Multimedia, junto con otros 5 diplomados. Soy una ilustradora apasionada y una estudiante de teoría feminista, desde hace 6 años. De igual forma, me encanta dar talleres y pláticas, así como compartir el conocimiento adquirido en estos años. Tengo experiencia en Marketing, publicidad, fotografía de espectáculos, eventos, retrato, etc. Asimismo, me desempeño en el Diseño UX/Uai, ilustración, diseño editorial, community manager, diseños para redes entre otras cosas. Esto se complementa con mi proyecto de fotografía documental feminista desde hace 3 años. Quiero escribir para complementar mi trabajo visual y compartir experiencias, como mujer y madre joven, con otras mujeres. Lectora insaciable. Me encanta aprender, quiero estudiar otra licenciatura en Historia, letras hispánicas, filosofía o periodismo. Soy una mujer rebelde y furibunda. Nunca me canso de aprender y aprehender.

 

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