A ninguna parte

Revisé cuantas veces pude entre la herencia más oscura de mis antepasados, entre fragmentos literarios de mujeres, la risa de los niños, los pasos de los ancianos, los mensajes ocultos de la televisión abierta, las cicatrices de mis brazos y todo aquel laberinto de ideas, costumbres, una respuesta de lo que sentía. No soporto la incertidumbre. Es difícil abolir un discurso lleno de ternura y de posibilidades de envejecer en la vida de un hombre que jamás entendió que no sólo es él mismo y sus deseos. Vivo con ese hombre. Ese hombre pinta como mi casa, mis penas y mis gritos por la mañana.

Nada ha cambiado. Es la sexta vez, — al menos eso creo, que escucho decir a mi madre que teme quedarse sola y que por esa razón acepta seguir existiendo en el mismo sitio donde fue agredida. Puedo ser valiente entre palabras, puedo existir creyendo que es así. Pero ni el mar, la arena entre mis dedos, el ladrido de mi perro, o la fragancia de los libros, me devolverá aquello que jamás tuve. No soporto la incertidumbre. Tampoco soñar mientras camino, duermo, como, leo, a persona N que se encuentra del otro lado de la luz y oscuridad. Nada ha cambiado o todo lo ha hecho. Las describo pues, porque sé que no son hechos aislados. No sólo me sucede a mí, no soy la única ni la última en sentirse así. Pero no vengo a escribir sobre mis dolencias sino a escribir [sobre] y [desde] las dolencias.

Comencé a leer a Asún Pie Balaguer, doctora en pedagogía social. En su libro La insurrección de la vulnerabilidad, [siento] que su discurso va encaminado a querer encontrar respuestas hacia lo que le adolecía como consecuencia de un mundo común y político. Desde que decidí criticar al sufrimiento como fenómeno social, entendí que este — no nació — desde mis propias paredes. Ahora entiendo que no se trata de culpas, y que intentar resolverme puede ayudar a otras a intentar resolverse (digo intentar resolverse porque no creo ni tantito en la posibilidad de hacerlo en su totalidad). El sufrimiento es un fenómeno social y por lo tanto no puede ser visto de forma aislada. El autocuidado es personal y colectivo. Quiero decir que el cómo lo veamos y tratemos tiene gran repercusión en las decisiones que tomemos.

Paulo Freire en su libro Pedagogía del Oprimido (1979), propuso como práctica un método pedagógico de concienciación no sin antes advertir lo siguiente: “nadie cobra conciencia separadamente de los demás. La conciencia se constituye como conciencia del mundo. Si cada conciencia tuviera su mundo, las consecuencias se ubicarían en mundos diferentes y separados, cual nómadas incomunicables (p. 12)”. El misterio que me invade les invade a otros. Mi sufrimiento puede ser leído desde la intersubjetividad de mismas voces que han negado ser vulnerables porque afuera se les ha negado serlo. No hay espacio o el espacio sale caro.

Asún Balaguer es una de muchas que se han atrevido a reconocer que son vulnerables desde las letras y lo académico. Hablar o escribir del malestar puede llegar a sentirse liberador y sentirse ajeno al mismo tiempo. Está presente en todas partes, la queja y lo reprimido. Incluso en pequeños espacios, el sufrimiento se reproduce ya no como recuerdo, sino como como acto. Los arrojamos a los demás como piedras y aun así, el sufrimiento puede estar restringido por aquellos que niegan la existencia del mismo.

Desde la mirada de Balaguer, la vulnerabilidad actual es el ser precario que somos. Apuntando que, la precariedad no es solo laboral, sino también existencial puesto que en el hoy, la política consiste en gestionar la vida y lo que alimenta actualmente el capital, es decir, nuestra propia vida (p.14). Esta práctica moderna de examinar al sufrimiento desde la mirada de otros (que no es nada agradable pero sí reconfortante), la comencé con una compañera de clases de pintura que tomé hace un par de años. Como escritora, docente y amiga, hicimos un pacto invisible: nos mandamos notas de voz con lo que sentimos y prometemos escuchar/responder en cuanto las dos podamos. No es la única con quien realizo esta práctica, sin embargo, la muestro como ejemplo debido a que su afecto responde a mis inquietudes y dolencias. Lo que me inquieta le inquieta. Ella conoce mi ocio de ver al mundo sin gafas de sol. Sabe lo mucho que prefiero existir sin cubrirme los ojos con un vidrio ahumado para ocultar mis ojos llorosos ante situaciones que bien sé, no puedo controlar. Nos hemos conocido sin vernos debido a que la circunstancias no lo permiten. Gracias a esa práctica sé que la voz es nuestra segunda puerta hacia el alma y por medio de ella expresamos quizá, una pequeña parte de la vulnerabilidad del mundo.

Estos mecanismos de [encuentro o desencuentro] me gusta practicarlos también a través de la investigación. Lo que investigamos habla mucho de nosotras, ¿por qué negarlo? Hacer visible las dudas y preocupaciones es un asunto político y revolucionario. Esto no quiere decir que el hacerlo mejore nuestros espacios o elimine los conflictos existenciales de nuestras vidas y el mundo. Pues reconozco también que estoy perdida, pero él [estarlo] sí me ha llevado a [alguna parte] o a ninguna, en cuestión del reconocimiento del otro.

Una vez más los hombres, desafiados por la dramaticidad de la hora actual, se proponen a sí mismos como problema. Descubren que poco saben de sí, de su su “puesto en el cosmos”, y se preocupan por saber más. Por lo demás, en el reconocimiento de saber poco de sí radica una de las razones de esa búsqueda. Instalándose en el trágico descubrimiento de su poco saber de sí, hacen de sí mismos, un problema. Indagan. Responden y sus respuestas los conducen a nuevas preguntas. El problema central de su humanización, a pesar de haber sabido siempre, desde un punto de vista axiológico, su problema central, asume hoy en el carácter de preocupación ineludible. — (Freire, 1970, 31).

La desesperación de muchos de negarse a la idea de ser [totalmente] sanos ha tenido como respuesta a manifestantes que luchan por la recuperación de su humanidad desde la lectura crítica. Lo hacen desde textos que ofrecen el otro lado que no se muestra por no ser bonito. Desde textos de anti psiquiatría, feminismo radical y desenredar hasta lo más mínimo del ser con lecturas que apuestan más allá de una crítica social (tal es el caso de Capitalismo Gore de Sayak Valencia). Repito: el sufrimiento no es un hecho aislado y mucho menos lo es lo que describen autorxs que abordan temas [muy fuertes] y [negados] en conversaciones cotidianas. Me pregunto a diario, ¿niegan lo que sucede allá afuera o se trata de un mecanismo de defensa? Los entiendo. No tenemos por qué soportar lo insoportable.

Mi sufrimiento, hace mucho tiempo, no me permitió ver que millones de mujeres ya luchaban por liberarse de sí mismas y del sufrimiento que se les acuñó y romantizó tantas veces. Con esto, no quiero decir que hablar/escribir desde el sufrimiento sea una idea errónea. Abordarla a través de la voz de otros me permite caminar por distintas realidades. Gracias a compañeras que aunque no se reconozcan como feministas me ha permitido escarbar en eso que tanto me negué a recordar o dar cuenta. Olvidar la voz del otro es como apagar a nuestro otro interior. Lo que en realidad pretendo con este texto es el de abordar al sufrimiento como una vulnerabilidad común y no como una sensación/hecho aislado. Las decisiones que tomamos por más mínimas que sean repercuten en los demás.

Abordar estos temas también es hablar del autocuidado y sus repercusiones (recomiendo lean el texto Del feminismo negro a las mascarillas. Reflexiones sobre autocuidado escrito por parte del taller de Malvestida). Continúo. Abordarlo, también es hablar del feminismo desde el amor, uno que no niegue el sufrimiento y vulnerabilidad de lxs otrxs, pues negarlo es cancelar la identidad del otro. Hasta lo ha dicho Silvia Federici: hoy las jóvenes no quieren una mejora en la situación de la mujer, quieren un cambio social”, en conjunto de otra chica que conocí en vía Twitter (ciguadecolonial): “Queremos liberación, y para lograrla la debemos procurar para todes, porque ¿qué es un feminismo que no es activamente antirracista, antitransfobia, antihomofobia, antihogobia y que no se haga enemigo de todo tipo de discriminación?”. Es necesario tomar acción desde el amor y podemos intentarlo desde pequeños espacios, para transformar desde sus adentros, todo aquello que hemos — o se ha negado de nuestro ser.

He crecido y me he criado en una sociedad que ignora y niega la muerte, la pérdida y el sufrimiento. Una sociedad en la que estar enfermo es un fracaso, ser vulnerable es de idiotas y hacerse vieja antinatural (Alegre, M. y Pérez, N., 2012).

Merchant (1981) retoma a la vulnerabilidad desde un contexto represivo que apunta directamente al sistema patriarcal. Uno de los problemas más grandes en el siglo XXI es el mantener un orden social, lo cual incluye mantener a los individuos en un estado funcional o de lo contrario pasa a ser un [problema social]. Escribo desde la angustia. [Espero] quien lea esto, también me lea o se lea [entre líneas] y espacios. Porque no es un texto académico y mucho menos crítica acertada (si es que existe) del sufrimiento y su relación con el capitalismo.

El mundo actual resuelve la crisis negándola. Si bien no todas las situaciones se registran de modo consciente o en palabras, las sensaciones que minimizamos se disparan sin avisar y como consecuencia de este [disparo perturbador], aparece la [LO-CURA] y miles de medicamentos psiquiátricos para calmar eso que jamás se entendió. Rechazar sensaciones se ha vuelto como una nube gris interminable. Desde mis inquietudes hasta mi forma de amar, desde lo que creo hasta lo que he escrito en el pasado, he notado como los orígenes de la vulnerabilidad se sigue reproduciendo en mis paredes y teclas a causa de efectos de dominación y sujetos [invisibles] que nos han vendido un supuesto avance en la salud mental hablado desde la resiliencia. Una capacidad que desde mi propia mirada es totalmente errónea (aquí es cuando me refiero a que el texto se debe leer entre líneas).

Dentro del discurso educativo y en psicología, está muy de moda el término resiliencia: la bella capacidad de afrontar problemas y/o afrontar circunstancias. El discurso al igual que el de “emprendimiento social” nos habla desde una ética transformadora en el que pese a nuestros problemas, podemos y [debemos] salir adelante. Es decir, si más de 11 mujeres y niñxs desaparecen al día y mueren millones de personas por precariedad laboral, olvidémoslo, mientras que no te pase a ti o a tus cercanos este tema no tiene por qué ser relevante y debes salir adelante. Si en tu casa tu padre te violenta de mil formas, puedes denunciarlo, sufrir y como puedas, salir adelante. El estado nos exige salir adelante para sobrevivir pero no nos dan las herramientas para hacerlo, o nos dan las herramientas que [ellos] creen que necesitamos. No quería decirlo, pero lo haré: nos tratan como animales y experimentan con nosotrxs.

He estado con personas que no me llevan a ninguna parte más que a la de su propio beneficio. Pido de nuevo, que se me lea entre líneas y se lean a ustedes. Presento un caso muy breve, un caso — no asilado —. ¿Cuántas veces los hombres nos han hablado mal de otras chicas y nos han comparado diciendo que nosotras somos mejores por saber salir adelante? No profundizaré en el caso, pero sí en platicar desde este escrito que existen individuos que [satanizan] el no progresar psicológica y físicamente, como ellos esperan que lo hagamos. Son sujetos que desacreditan y quitan valor a una mujer por no tener la capacidad en el [ahora], de salir adelante. A estos pequeños espacios me refería en párrafos anteriores sobre negar la vulnerabilidad. No creo que la neguemos o la hayamos negado solo porque sí. Porque algunos, defienden a su falsa hombría desde un concepto tan ilustre como lo es la resiliencia y [nosotras] les creemos o les hemos creído. No sólo fue tu novio quien te desacreditó, fue el patriarcado disfrazado de buenas intenciones. Eso sí, se la quieren dar de héroes escuchándote y comprándote un helado.

La resiliencia, podríamos decir que [la palabra] más que instrumento, es resultado del mismo sistema neoliberal y actúa como un mecanismo de desvalorización hacia el sufrimiento de miles de personas en todo el mundo que han experimentado un evento traumático o que el sólo hecho de existir ya les es traumático. Justo a esto me refería párrafos atrás, a que el sufrimiento no es un hecho aislado, es un hecho social y debe leerse entre la experiencia personal y las grandes estructuras sociales y políticas; Pues aparece como una resistencia para seguir siendo funcionales ante políticas destructoras, sangrientas y de deshumanización.

Muchas ocasiones me repetí a mí misma que soy muy emocional y que por eso me mueve mucho lo de afuera (hago paréntesis aquí porque pensando en la ubicación de nuestras cuerpas, dentro del capitalismo no estamos ni afuera. Estamos abajo). Pero tal vez era yo misma negando como muchas, las prácticas inhumanas del Capital. Volvamos a leer entre líneas, ¿lo que negamos de allá afuera será algo que negamos en nosotras mismas? La resiliencia es una capacidad reconocida para recuperarnos de forma natural y aislada sobre hechos ocurridos desde “adentro”. Es decir, es recibir golpes y aun así salir favorecida. Es aceptar que se nos incita a competir desde que entramos a la universidad presentando un examen en el que solo una parte es beneficiada y la otra parte no hizo los suficientes puntos para ser valorada dentro del sistema, y exigirles que levanten la cabeza, que podrán intentarlo de nuevo (como si no costara dinero). Es mudar de una necesidad a otra sin permitirse ser. Es morir y obligarse a renacer (léase renacer como ser funcional).

Leernos entre líneas es como estar situadas en un estado de inmersión. Es decir, analizar desde nuestra propia realidad desde una realidad extraña, compararla con la nuestra, descubrir las limitaciones de esta y percibirla de forma distorsionada. Pero tal como menciona Freire: corremos con el riesgo de convertirnos en un rompecabezas o en un juego de adivinanzas. Por ello, yo apuesto a hacerlo sin olvidar incluir la investigación y conciencia crítica. El acto de análisis e investigación de nuestras propias emociones promueve a desarrollar nuevo conocimiento. Compartirlo con la otra, es decir, con esa [realidad extraña porque es ajena a nosotras]. Conocernos a nosotras mismas, desde el sufrimiento colectivo puede llegar a ser un viaje que termina e inicia, que inicia o nunca termina, pero que, al fin de cuentas, se mueve. Tal vez y con suerte, a ninguna parte.

 

Autora: Wendy García. 1998. Educadora social. Es montañista, ciclista, escritora y otras, nada. De corazón humanista y feminista en deconstrucción. Ha colaborado en proyectos de intervención comunitaria en Sonrisas Monterrey A.C. Actualmente sus intereses en investigación se centran en la vulnerabilidad social, violencia de género, derechos humanos y antipsiquitría.

Ilustración: Paulina Silva

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