Amo la libertad

Soy una mujer libre, consciente de mi sangrado menstrual y las grandes cantidades de células madres que esta posee. Me gusta disfrutar de mi menstruación, es un momento para conectar con mi útero, y tengo una gran aliada: mi copa menstrual ecológica. Cuando la conocí y utilicé por primera vez, me cambió la vida. Me vi con la oportunidad de hacer maravillas con mi sangre, mi sangre viva, de rojo radiante.

Soy consciente de mi menstruación y me doy el momento para ponerla en mi rostro como mascarilla; de regar las plantas con la sangre diluida en agua, puedo verlas florecer, felices, mejorando su textura, llenas de amor y alegría. También con este líquido vital doy masajes en mi cabello, me siento plena, viva, cómoda. Y doy gracias a mi útero por darme esta energía y resplandor.

Cuando pienso en el placer, me digo: soy mujer y tengo derecho a conocer mi cuerpo, mis partes erógenas; de saber que puedo auto complacerme. Tengo muy buena relación con mi clítoris, es vulbísimo, tengo espacios para estar conmigo sin miedo a la vergüenza o la culpa; tengo derecho a disfrutar de mi placer, y esto es maravilloso.

Respecto al deseo: tengo aproximadamente 26 años explorando y acariciando mi cuerpo, y hoy en día sé que no necesito la compañía de una pareja para tener un orgasmo, a menos que así lo decida; soy lo suficientemente consciente para hacerlo, para gestionar mi propio deseo, eso me hace muy feliz.

En la vida hay cosas que disfruto mucho y me generan placer, como tomar un rico pozol, darme el tiempo para mí, para masajes ricos con cremas y jabones, con música de fondo. Consentir mi cuerpo me llena el alma de gozo, me regala intensa paz. Acariciar mi cuerpo, comer cosas saludables, leer a escritoras feministas, ver el mar, disfrutar la naturaleza. Todo eso es parte del placer en mi vida.

Por sororidad comparto mis experiencias con más mujeres, y veo cómo sus ojos se llenan de luz y se atreven hacer cosas que antes mantenían en secreto. Mis hermanas son mis aliadas el momento para conectar con nuestro útero, y nuestra sangre viva es un manantial de energía.

En este confinamiento, estoy conmigo, me metí en mí; son meses de muchos aprendizajes, de no poder salir, pero sí de poder conectar con nuestro centro, con quien somos muy adentro.

 

Autora: Adela María Naranjo Rodríguez. 32 años, originaria de Comalcalco Tabasco. Ecofeminista por convicción, trabajadora social de profesión, defensora de los derechos humanos.

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