A las madres que perdieron los orgasmos

Desde el lugar del no deseo les escribo, confesando lo inconfesable, lo indecible.
Interpelo a las que no nombran, ni escriben, en secreto ni a voces el sinplacer.
Pienso en las que ya no fingen los orgasmos entre llantos chillones de mocosos, inmersas en pañales.
En las que no pueden bajar el dedo por la línea del deseo porque alguien ronca al lado.
Por las que sienten culpa cuando dejan escapar gemidos desde los cuartos compartidos y luego retumbarán en los oídos adultos de sus hijos.
Por las que esconden de sus hijas el deseo, el sexo y el desorden.
A las que ocultan la cabeza despeinada después del amor.
Por las que esconden las ansias de sexo en un jaibol.
Convoco a las que se quejan casi vociferando en donde encuentran los espacios para hablar.
A las que des-erotizan los pechos que ahora escurrirán en el deseo de la lactancia.
Hablo por las que no encuentran ecos en espejos y pasan de largo por el deseo.
A las que buscan los orgasmos polimorfos que encontraban antes de parir.
Porque recordemos que el deseo y placer que se esconden en los lugares más comunes y más pequeños, como el largo baño a la temperatura que más te guste; ese también te es negado. También el que se encuentra insertado en la probadita de nieve, en la hoja leída y por supuesto en la escrita; ese también te es despojado.
¿Dónde queda ese placer del mareo del helado o del alcohol?
Porque todas sabemos lo que es que te roben el deseo, el placer y el orgasmo un domingo de cama en la mañana.
A las que andan buscando eternamente el momento de la pequeña muerte entre la cuna, la cama y el fular, postergando hasta el placer más nimio de un gansito congelado, que en el mejor de los casos comemos a escondidas antes del “¿me das?”.
Aceptemos con valentía que al perder los orgasmos nos ponemos al ras de nuestras crías mismas.
Apelo a las que se acuerdan con nostalgia de cuando éramos libres y autónomas, independientes, libres de tareas de cuidado de seres que cuelgan sus necesidades alimentarias de nosotras, que nos chupan y nos privan de noches de orgasmos claros y profundos porque nuestros cansados cuerpos van en pos del anhelado sueño que no hemos alcanzado por noches de llantos infantiles.
Las invito a llenar de nuevo nuestros cuerpos de placeres y deseo. A re-erotizar los senos en caminos libertarios.
Ahora las convoco compañeras a que abandonemos el hartazgo y vencernos al orgasmo. Que busquemos atajos certeros y efectivos en quehaceres para nuestros placeres.
Esta es la reivindicación del derecho al placer y al sentir a partir de la carencia.
De ahora en adelante reclamemos los placeres, reclamemos los orgasmos.

Autora:  Anilú Zavala Alonso (Ciudad de México, 1971). Mamá de Matías. Feminista. Consultora y tallerista especialista en género. Gestora cultural. Sus textos han sido publicados bajo el sello Eterno Femenino y han sido leídos en diversos espacios como el Palacio de Bellas Artes bajo Comuarte y otros recintos como el Museo del Pulque y el Centro Cultural Futurama. Ha incursionado en StandUp Feminista sobre el tema de Maternidades.

Ilustración: Hanna Barczyk

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