Empoderamiento erótico

¿Para qué entender lo erótico desde el ámbito personal? Pequeña pregunta que llegó esta madrugada de cuarentena, de esas que se me acumulan sin control, como cuando juntas las manos y quieres captar la lluvia, pero esta se desborda entre tus dedos. Y no sabes si te empapaste por el agua que intentaste captar, o por toda la que dejaste ir.

Preparo el café como de costumbre, en mi jarrita personal que sirve de a dos tazas por evento. Lo percibo a lo lejos, empiezo a saborearlo, me voy imaginando cómo ese olor se transporta en mi lengua y llega a mi garganta, en ese engullido que te frena al momento en que el calor o lo amargo trastocan todas las papilas gustativas, pero que te mantiene ahí sorbiendo vehementemente porque te encanta esa sensación. No puedo esperar más, corro a servirme una taza grande, lo suficientemente grande para no levantarme por otra en un buen rato.

Despejo el escritorio, me acomodo en la silla de trabajo y coloco la taza de café a un lado para poder escribir. Prendo la bocina que me regaló mi hermano y busco algo qué escuchar. Reproduzco en aleatorio una playlist de Portishead, la voz de la vocalista me provoca sensaciones que no he encontrado en alguien más. Es sensual, armónica, ligera, se siente como si susurrara en tu oído, en un tono bajito, chiquito. Gracias, Beth Gibbons, es de madrugada y no quisiera despertar a nadie.

Sorbo de café, relatos, letras, Beth…

Emprendo un viaje mental, escudriño entre mis recuerdos los momentos más eróticos para poder responder a mi pregunta, los más fuertes, intensos, determinantes. Encontré uno.

Estaba sentada en un bar, medio lúgubre, medio arrabalero en el centro de la Ciudad de México. Se me acercó, sentí que me acechaban desde varios minutos atrás, porque estoy segura que no fue fortuito. Me habló al oído, aunque realmente no había otra forma de hablar en ese lugar de música estridente. Preguntó si venía sola, y sentí que una electricidad recorría mi cuerpo, hasta el último poro. Qué persona tan atractiva, tan sensual, pensé. Su voz era áspera, fuerte, de esas voces que me gustan porque emanan rudeza. Tuve que responder la verdad, y era que estaba esperando a alguien, me dijo que era una lástima y vi cómo se alejaba. Sonreí toda la noche, no supe nada más, no era necesario.

En ese entonces comenzaba a leer a Bukowski y Sade, me adentré en un mundo de erotismo, sexualidad, búsqueda de experiencias y placer. Anteriormente ya había reflexionado que mi satisfacción sexual no estaba del todo atada al tacto, nunca fue así. Es una mezcla entre la vista, el oído y el olfato.

En los libros de dichos autores encontré un lugar cómodo entre sus letras, recorrí varios relatos que hicieron sentirme como yo quería; esto de sentirse en el deseo carnal, visto desde la literatura, era maravilloso. De repente, buscando más, leyendo más, me di cuenta de que todo era repetitivo, que el centro del acto estaba en el dar o recibir; me aburrí y lo dejé. Decidí voltear a otro lugar.

Un día cualquiera, llegó a mí una frase de Anaïs Nin: “Hay dos maneras de llegar a mí: por medio de besos o por medio de la imaginación. Pero hay una jerarquía: los besos por sí solos no funcionan”.

El éxtasis total. Anaïs, ¿dónde habías estado todo este tiempo? En esta frase pude confirmar por qué me había emocionado tanto la insinuación en aquel bar. No era la persona en sí, ni la insinuación. Era la forma, su elegancia, su seguridad al hablarme y esa voz. Sonreí de nuevo.

Gracias a Anaïs comprendí que no era la única, de alguna forma extraña me preocupaba no ser lo suficientemente imaginativa o comprensiva en cómo expresaban la sensualidad en esos textos masculinos. Antes de Anaïs me sentía un poco perdida. Busqué más textos de ella y la verdad encontré pocos.

A partir de esto, continué con la lectura de reflexiones de más mujeres para comprender este mundo de erotismo desde la visión de ellas, y pude entender que lo erótico se acerca a lo sexual, a lo sensual, pero que no tiene su imperativo en el sexo, sino que va más allá. Lo erótico a la vez se hace político, porque como dice Audre Lorde, “lo que conecta lo espiritual y lo político es lo erótico…”. El erotismo trastoca la individualidad, la imaginación, lo que a una la hace vibrar. Sean unas letras, un café, una canción o una voz.

Cuando supe que el placer no estaba limitado a mi vulva, a mis pezones o a mi tacto en general, encontré un poder que nadie más me podrá quitar. Sé cómo llegar al placer, sé lo que me gusta, lo que no; y sé que, como dice Anaïs Nin: “los besos por sí solos no funcionan”.

Y, aunque sigo explorando mi erotismo, nunca más tendré la necesidad de regresar a esas reflexiones someras de activo y pasivo tan patriarcales.

Autora: Ana Laura Cortés. Soy ciudadana tlalpense, feminista, apasionada de los gobiernos locales, las letras, la ciencia ficción, el café, la cerveza, el fútbol, el box y los perritos. Escribo porque sí, porque en este espacio me encuentro y las encuentro. De a cachos y completa, lo que hago, percibo y quién soy.

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