¡Que sea ley!

Era 2002, a mis 13, cursaba el segundo año de secundaria, viajaba cada mañana desde Naucalpan a la delegación Miguel Hidalgo para asistir a clases, mis hermanos me acompañaban en el recorrido. Cada mañana, frente al Hipódromo de las Américas, me encontraba con Ulises, mi mejor amigo, caminábamos juntos hasta la entrada para llegar y saludar a todos los demás, sin embargo, esa mañana de marzo, había algo distinto: Yareli abortó, nos decía Gaby, quién era su vecina y narraba que la noche anterior una ambulancia se había llevando a nuestra compañera, porque estaba desangrándose.

Yareli faltó a clases aproximadamente veinte días, a su vuelta nadie dijo nada, pero las miradas sobre ella, incluso de los y las profesoras, escondían un mensaje secreto. Yo no sabía, pero justo un mes después del regreso de Yareli, Frida me confesaría entre lágrimas que estaba embarazada, me pedía hablar con Yareli, pedirle consejo sobre cómo abortó, pues había buscado, en un incipiente internet, y había leído sobre hierbas, pastillas para la gastritis, etc. Tenía miedo, su novio, la había forzado a tener relaciones sexuales.  Nosotras con 13 años, y familias católicas, no teníamos acceso a educación sexual certera y confiable, los profesores poco nos hablaban del tema, y siempre con reservas desde visones moralistas y reduccionistas. Así que juntas buscamos a Yareli, quien nos relató su violación y su intento de aborto con un gancho. A Yareli tuvieron que extirparle la matriz porque aquello se complicó, y su familia la obligó a callar la violación, porque el responsable era su tío.

Frida decidió contarle a su mamá, al término del ciclo escolar estaba casándose con su novio, y unos meses después, daría a luz a una niña. Muchos años más tarde, Frida retomaría sus estudios hasta convertirse en una arquitecta.  

Quién diría que años más tarde, mi hermana casi pierde la vida en un aborto clandestino, ahí entendí, que la educación sexual era necesaria, que teníamos que dejar de ver nuestra sexualidad como un tabú, y hablar sobre consentimiento, sobre métodos anticonceptivos, sobre nuestra libre determinación con nuestra cuerpa, con exigir al Estado el acceso a un aborto seguro, exigir en las calles dejar de criminalizar mujeres por la decisión de interrumpir un proceso biológico, como el embarazo. Entendí que somos las dueñas de éste territorio, y que seguiremos peleando hasta que sea ley.

Autora: Yadira López Velasco, nació en Oaxaca de Juárez. Es zapoteca, lesbiana y socióloga por UAM Azcapotzalco. Escribió “Hierbas contra la tristeza” y “Manual de vaporizaciones vaginales”, escribe poesía sobre el erotismo entre mujeres, sobre su ser indígena y sobre su ser mujer. Activista contra la gordafobia, imparte talleres sobre cartografía corporal, medicina tradicional y utiliza la escritura como proceso de sanación. Actualmente trabaja en la edición autónoma de su primer poemario donde recupera la genealogía lesbiana de su comunidad.

Ilustración: Rawpixel

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