Recuerdos de soledad

¡Madre! ¿madre? No sé si estoy lista para serlo y pienso, pienso en cómo será mi vida de ¿madre soltera? Ni si quiera recuerdo con claridad lo que pasó.

Cinco tragos con los amigos, la estábamos pasando bien ¿no?

Cuatro canciones que bailamos juntos, reguetón del viejito, nada podía salir mal.

Tres preguntas insistentes ¿vamos a otro lado? ¿vamos arriba? ¿vamos?

-No, no quiero.

Dos golpes. Una súplica.

Fui a buscarlo a su casa, me dijo que no quería saber nada de mí ¿en serio? Claro que no quiere saber nada. Seis meses no significan nada si ya te acostaste con la tipa ¿no?

¿Y si interrumpo el embarazo? No quiero ser madre, no estoy lista. Tengo metas, sueños, una vida planeada. ¿es lo que quiero? ¿Qué quiero? No sé.

Siempre le he tenido miedo al futuro, pero ¿ser madre? Me paso el día completo pensando, no duermo ¿ser madre? Es lo único en lo que pienso ahora. Tengo dos opciones: continuar el embarazo o no. Busco información.

“El instinto materno lo tienen todas las mujeres” dice el blog de madres jóvenes. ¿quiero ser madre? “Sí. En el fondo, todas queremos ser madres” me responde una página de crianza.

Todo el tiempo escucho a mi familia decir que esas feministas están locas. “Son unas asesinas”, dice mi abuela… ¿Soy una asesina?

“No entiendo cómo pueden matar a inocentes por sus calenturas”, ¿soy yo la culpable? Yo no quería meterme en esta situación.

Hablé con mi mejor amiga, le conté lo que pasaba. “Debes de tenerlo. Igual no todas nacieron sabiendo ser madres, ya aprenderás en el camino” No tengo a quien más buscar, no quiero que nadie sepa. Estoy sola en este embrollo en el que yo no pedí estar.

Le mandé mensaje a una vieja conocida: “Necesito ayuda”. Me acompañó a una clínica, había mucha gente rezando y llorando, maldiciendo a toda aquella que entrara.

¿Tan mala mujer soy por querer vivir a mi ritmo?

La doctora me preguntó diez veces si estaba segura: “¿te sientes presionada por alguien?” Sí, por los que están gritándome asesina allá afuera.

“¿te pagaron para que vinieras?”

¿Le pagaron alguna vez a alguien por tomar decisiones?

Pastillas bajo la lengua ahorita, repite la dosis más tarde. Mi nueva amiga me invita a quedarme en su casa para que me pueda cuidar. “Nadie más puede saber”, le digo “Me matarían”. Estamos juntas un rato hasta que no soporto el dolor, me deja acostarme en su cama. Leí que puedo morir desangrada “No quiero morirme”, ella sonríe y me pide que descanse.

Me quedo dormida.

Abro los ojos. Pasaron muchos años ya, fue solo un mal sueño. Ya nada es igual de oscuro que antes. Cambié de amigos, terminé la carrera, me mudé de casa de mi mamá. Estoy con gente que me ama.

Ahora soy yo la que ayuda a mujeres. Aprendí de la experiencia, sé lo que se siente. Ahora yo soy la feminista que sale a las calles y que guarda secretos. Mi casa ahora es esa casa donde las mujeres se pueden sentir seguras. Me decidí actuar para que ninguna mujer se sientan como me sentí yo.

Conocí a muchas mujeres que pasaron por lo que yo pasé, nunca me volví a sentir sola.

Porque no estamos solas.

¡No estamos solas!

Autora: Lorena Fernández Zenteno (2001), soy estudiante de Literatura Intercultural en la ENES (UNAM) de Morelia. Originaria de Veracruz, criada en la Ciudad de México e implantada en Morelia por voluntad propia, soy primeriza en la escritura feminista, pero me he dedicado a escribir ensayos críticos políticos y poesía romántica. Siempre me dicen que las palabras me las tienen que sacar a tirabuzón de la boca, pero frente al teclado salen como flechas. Espero seguir avanzando como escritora, mujer y feminista.

Ilustración: Dimangia

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