Los poderes del agua y el corazón

(Bruja de agua, que posee sabiduría de sanar con plantas)

“Las brujas del agua no sólo viven en lo profundo del mar esperando víctimas, somos la brisa de la mañana, las lluvias que traen la calma o los huracanes que se llevan todo a su paso. Esta es mi historia, sobre cómo el amor entre hermanas salva a mi sangre y a toda bruja que quiere la libertad de salir sin miedo por el mundo”

Apenas tenía 12 años cuando mi madre murió, las cosas no mejoraron en absoluto pues pareciera que mi padre fue en su compañía. Sabía que la vida de mi madre fue complicada desde que ella perdió la vista antes de mi nacimiento, suceso que siempre lo mantuvo en secreto pues ni ella ni mi padre me contaron al respecto. Mi abuela me contaba que ella, era una mujer muy diferente antes de perder la vista pues era amante de la aventura y los viajes, pero sobre todo de la fotografía, ella amaba capturar todo lo que lograba con su lente. Comenzamos una estrecha relación ya que me quedé a su cuidado.

En un impulso de nostalgia a pocas semanas de perder a mi madre corrí hacia las orillas del mar, recordé como ella siempre me decía que si algún día faltaba siempre la buscara entre las olas marinas, entre su sonido, porque ese era su verdadero hogar donde me esperaría con los brazos abiertos. No sabía hasta dónde la tristeza me estaba consumiendo, pero sólo comencé a caminar hasta hundirme entre las olas, esperaba tal vez muy en el fondo, ser arrastrada por el mar y reunirme con mis padres, necesitaba respuestas y esta era la salida fácil.

Como era de esperarse una ola me arrastró y me llevó al fondo del mar, sin poder contener más la respiración me dejé llevar por ellas, un grito desesperado de mi abuela fue lo único que logré oír mientras mis piernas y brazos intentaban mantenerse en el agua, pero me detuve un momento, no sentía una presión en mi pecho y mucho menos necesitaba nadar con desespero. Parecía deslizarme en pequeños pasos a mi alrededor, estaba sorprendida y confundida, traté de pellizcarme, pensé que era un sueño porque parecía no ahogarme entre las olas, pero tampoco comprendía. Tal vez la impresión provocó que me desmayara, solo sentí como el agua y que una voz dulce me acompañaba prometiendo que todo estaría bien.

No sé cuánto tiempo pasó exactamente cuando me encontraba envuelta en mi cama, con mi abuela llena de preocupación. Yo solo di un salto y traté de explicarle las cosas, pero las palabras no me salían, apenas eran audibles los sonidos pequeños que emitía. Me senté unos segundos en el pie de mi cama y mi abuela me rodeo en sus brazos.

— Es momento de que me escuches, tu madre y yo pensamos que tal vez tú estarías a salvo, pero no es así. Tienes sangre de brujas y sé que muy en el fondo lo sabes porque tu madre te habló al respecto — mencionó llena de preocupación.

Luego agregó:

— Antes debes saber el origen de la ceguera de tu madre, fue por una maldición que persigue a nuestra familia. Hechiceros y brujas tenían una tregua donde ambos se protegían de las acusaciones que, hacia la Santa Sede hacia las brujas, aunque no era la mejor solución al menos evitaron algunas muertes, hasta que un hechicero se enamoró de una de nuestras ancestras, ella lo rechazó pues sabía que una de sus intenciones era evitar que ella formara la rebelión hacia la Santa Sede. Al ser rechazado enfureció demasiado, tanto que lanzó una maldición a todo primogénita de su linaje, la cual llegaría a los 27 años. Mi hermana fue quien pagó el precio, pero ella no tuvo descendientes y yo sí, así que tu madre fue quien sufrió la consecuencia en este caso. Eso sí, tu padre buscó muchas formas para mantenerla a su lado hasta que finalmente entendió que sólo ella sería quien se salvaría con su propia magia. Uno de los efectos colaterales fue perder la vista… Ahora debo decir, que como tú eres su primogénita, ya sabes lo que eso significa… ya no quiero ver como pierdo a otra mujer de mi familia sólo por un amor no correspondido. —finalizó mi abuela llena de recuerdos. Yo me quedé sin palabras solo necesitaba respuestas.

Esa noche me quedé en sus brazos, me contó como ella no logró desarrollar ningún tipo de magia, ya que al ser la segunda hija no recibió nada al respecto. Sólo sabía el destino de su hija y de sus futuras generaciones. Al principio ella mencionó que no quería saber nada de la magia y mucho menos de las brujas, pero el tiempo y las habilidades que mi madre desarrolló desde pequeña la hicieron cambiar de opinión, mi madre y la magia del mar siempre la acompañaron. Es por eso que vivir cerca de él fue su elección casi de inmediato que cumplió la mayoría de edad.

A la mañana siguiente y durante los siguientes seis años aprendí todo lo que mi madre había dejado en casa para mí. Parecía que ella sabía que no tendría demasiado tiempo para mostrarme todo, mi abuela me acompañó en este viaje, solo que mi don no se limitó a aprender y respetar el agua, sino que se extendió a la propia naturaleza de las plantas, a cómo sanarlas y usarlas a nuestro favor. Aunque mi abuela me dejaba aprender todo lo necesario siempre decía que era muy peligroso que mi conocimiento se expandiera de esta manera ya que esa maldición podría adelantarse o provocar la locura en mí como pasó con su hermana Florencia que enloqueció mucho antes de morir a sus 27 años. Olvidé por completo la vida ordinaria, la escuela y amigos quedaron fuera de mi vida.

El misterio de la tía Florencia siempre fue algo místico que llamó mi atención pues heredé de ella el cabello rojizo y sus pecas peculiares, algo que reconocía a mi familia; mi madre también tenía esas señas particulares, muchas veces mi abuela se sentaba a mi lado a cepillar mi cabello antes de quedar completamente dormida, y me decía lo mucho que le gustaba mi cabello, todas mis facciones le recordaban al fuego de la lucha y las llamas que arderán por todo aquel que intente acercase a mí.

Una noche un sueño tan vivido me despertó, era la voz de mi madre gritando desesperada hundida en el rio que colindaba con la comunidad y del que todos se proveían de agua, en un impulso corrí hacia el lugar pues solo tenía la necesidad de saber que mi pesadilla no era cierta, cuando llegué en medio de una bocanada de aire caí en cuenta que no era posible pues mi madre estaba muerta. El sonido del rio al caer era lo único que escuchaba, hasta que escuché unos pasos, y un escalofrió me recorrió por todo el cuerpo, estaba a punto de preguntar quién se encontraba ahí cuando unas manos cubrieron mi boca y arrastraron mi cuerpo contra la maleza, estaba aterrorizada, mi propia torpeza me había arrastrado a mi desgracia y ni la magia podría salvarme en esa ocasión.

—Te soltaré, no grites, porque tu abuela no tardará en darse cuenta que saliste de casa y pronto nos encontrará. Tenemos poco tiempo…

Giré a ver quién decía aquellas palabras pues me era tan familiar su voz, la sorpresa casi me provoca un desmayo era mi madre, era tan real ella que estaba frente a mí extendiendo sus brazos.

— Mi pequeña niña has crecido tanto, te protegeré de todo lo que busque dañarte. Esa mujer que te ha cuidado durante todo este tiempo no es tu abuela, mi madre murió al mismo tiempo que esa mujer. — Dijo mientras tiró de mi brazo para adentrarnos en la selva.

— Corre, porque pronto ella seguirá nuestro rastro y debemos perderla lo más posible…— Exclamó mientras los pasos se hacían más rápidos y agiles, no sé cómo logramos llegar en medio de la selva donde había una hoguera y se encontraban brujas y humanas.

— Tenemos que irnos de aquí, solo haremos una pausa para que entiendas un poco más sobre esa mujer que logró expulsarme de casa a engaños. Mi ceguera me hizo débil y torpe, no sólo me hizo daño, me condenó con un hechizo a jamás acercarme a casa y mucho menos a ti decir que morí fue su solución y cuando tu padre se dio cuenta de su engaño, lo mató. Yo recuperé la vista gracias a la ayuda de todas las hermanas. Pero, ahora que has cumplido 18 años, eres más susceptible a otras brujas y cualquier hechizo que fue lanzando hacia ti terminó. Ahora su plan es llevarte ante ese hechicero, jamás ha perdido su obsesión y tú eres especial porque tu desciendes de dos personas que se unieron por el sentimiento puro de amor, donde no existió el deseo de pertenencia sino el de complementarse para compartir una vida, por eso tus dones son extraordinarios, pero sobre todo posees el alma más salvaje y libre que cualquier bruja de nuestra condición puede tener. — Terminó de relatar mi madre, y todo parecía confuso. Yo apenas lograba creer que estaba en su presencia no quería despegarme ni un segundo de ella. Ambas nos fundimos en un largo abrazo que terminó por romperse al escuchar a una de las mujeres que nos acompañaba, quien nos advirtió de que alguien pronto llegaría. Todas buscaron la manera de apagar el fuego, y mi madre me tomó por ambas manos y me indicó que cerrara los ojos.

No recuerdo absolutamente nada de cómo llegué a la orilla del mar, mi madre estaba de pie observando el mar y se hundió en las olas, señalando que la acompañara. Me incorporé rápidamente en un intento por alcanzarla, pero mis pies no lograron avanzar comencé a gritar con desespero el nombre de mi madre y una mujer a mi lado me observaba. Su rostro me era familiar y es que tenía las mismas características que yo …— ¿Tía Florencia? …— pregunté llegando rápidamente a esa deducción…– Sí, soy yo. Veo que no puedes avanzar hacia el mar y es entendible, yo tampoco puedo hacerlo al principio, pues antes debes observar a tu alrededor. Sabes cuál es el mayor logro de ese hechicero, que tú estés en casa con esa mujer teniendo todo el conocimiento y sin poder salir a conocer el mundo, si tan solo el dejara que tu abrieras tus ojos ante el mundo, tal vez ahora no serías la misma. Mírate, ¿cuántas veces has utilizado tu magia? Nosotras las brujas no solo somos hechizos y poderes, somos guerreras ante las batallas, y una de nuestras reglas es jamás abandonar a las humanas porque de ellas descendemos y en ellas nos convertiremos si algún día nos destierran. Tu madre es libre ahora. Ella te sacó de esa casa, te alejó de esa mujer, pero ahora tú decides si la acompañas al mar y jamás miras atrás o te quedas a luchar en este mundo que podría necesitarte más que ella en medio de las olas ella. — Mencionó esa mujer extendiendo su mano, la cual tomé con cierta desconfianza. Pero de inmediato, aquello que detenía mis pies me liberó, comenzando a caminar por las orillas del mar. Aunque no comprendía nada, me hundí en tratar de recordar todo lo que había pasado durante todo este tiempo.

Cerré los ojos por un instante y el sol comenzaba asomarse, la tía Florencia había desaparecido como mi madre. Pero de alguna manera ya no me sentía sola, no pensaba volver a la que creía mi casa, ahora era mi elección. Debía decidir qué haría con mis poderes y, sobre todo, con mi vida.

Me alejé poco a poco del mar adentrándome en la selva, esperaba encontrar a las mujeres que habían ayudado a mi madre en este tiempo. Cuando las encontré, ellas parecían esperarme, todas sonrieron al verme. Me presenté ante ellas, una a una me dieron la mano y comencé a conocer sus nombres. A la luz del día me di cuenta que todas eran mujeres, sin importar si eran humanas o brujas todas tenían algo en común, y es que a todas les había sido arrebatado algo: sus sueños, inocencia, libertad, o incluso sus propias hijas. Ellas tenían la mirada herida, pero estaban llenas de valentía. Dentro de mí ya no tenía dudas sobre cuál era mi verdadero lugar, y sobre qué haría a partir de ahora. Me uniría a su lucha.

Ahora estoy con mis hermanas, buscamos la libertad para el pueblo, y para toda mujer que luche por estar viva, y por una vida digna donde nunca sea vista como objeto, proveedora o alguien que sólo sirve para los fines de terceros.

A ti que me lees, espero algún día encontrarte en esta lucha, no sólo en el campo de batalla sino también mostrándole a muchas más mi historia. Ahora sé que no tengo miedo pues nuestra lucha no es entre nosotras, sino contra quien busque dañarnos. Estoy consciente que en cualquier momento ese hechicero me encontrará, o mi muerte será a los 27 como está escrito, pero no estoy sola porque ahora sé que tengo a mi madre y mi tía, además de mis hermanas.

Ahora mi vida estará dedicada a llevar este mensaje a todas, porque incluso en lo profundo del mar, nuestra voz nunca se callará.

Sobre la autora: Kimberly Patricia Juárez Vázquez tengo 25 años. Soy egresada de la Licenciatura en Derecho Internacional  de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM)

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