Amanecer en la playa

En el sueño profundo alcanzo a escuchar la música y los trinos de mi despertador, son las 5:00 de la mañana. Quiero seguir dormida, pero doy un salto de la cama y me apresuro a ponerme el traje de baño que dejé listo la noche anterior. Voy a una cita muy importante y no quiero llegar tarde. Tengo cita con el amanecer. Me esperan el sol, el cielo, el mar, los peces, los pájaros, las nubes y un gran espectáculo de luces. ¡No puedo llegar tarde!

Desde que voy por el pasillo que me lleva a la playa, me siento emocionada al ver a lo lejos los maravillosos colores del mar y sus suaves olas. ¡Me espera un amanecer asombroso! Parada frente al mar respiro profundo y veo la inmensidad, la quietud de sus aguas y sus tonalidades sorprendentes.

Me dispongo a entrar al agua porque pronto saldrá el sol. Empiezo a flotar de cara al cielo, siguiendo el vuelo de las aves. Elijo una y la sigo, y abro los brazos como si jugara a volar. Y sonrío mientras sigo el vuelo y me convierto en ave. Voy planeando sin mover las alas, me dejo llevar por el viento suavemente. Las nubes empiezan a cambiar de tono, iluminándose. El sol empieza a anunciarse.

Logro ver en el horizonte una rayita de rojo intenso y luminoso. Las nubes estallan en colores saludando al sol, desde el rojo al amarillo. ¡Un paisaje indescriptible de luz y color! El círculo rojo, majestuoso, es completo. Hoy ninguna nube lo cubre, sólo lo acompañan para dar mayor belleza a su salida que ya inunda todo con su resplandor.

¿Por cuántos millones de años el sol ha salido cada mañana? ¿Cuántos amaneceres iguales podemos ver? Cada día es un espectáculo diferente. En toda mi vida nunca he visto un amanecer igual a otro. Es el mismo sol, el mismo cielo, el mismo mar y todos cada día me regalan un paisaje nuevo, único, grandioso.

¡El día está iniciando!

Cuántas veces amanece y no lo noto. Cuántas veces sólo me levanto pesadamente y realizo toda mi rutina sin variar. Me baño, desayuno, llego al trabajo e inicio el día sin siquiera mirar al cielo. Ocupada en mis pendientes del día, en todo lo que no quiero olvidar de mi hacer diario. Así transcurren muchos días.  Y sin darme cuenta es de noche, sólo apago la luz y me duermo. ¿Y… realmente viví ese día? O sólo desperté, comí, trabajé, fui, vine… y el día terminó.

Autora: Ernestina López Torres. Nací el 23 de octubre de 1960, en la ciudad de Chihuahua, Chih. México. Crecí en diferentes ciudades y durante mi vida perdí la cuenta de las casas y ciudades en que viví. He escrito para mí a lo largo de muchos años, sin atreverme a mostrar mis escritos hasta este año en que he tomado algunos talleres de escritura. Trabajé a lo largo de mi vida en distintos cargos: secretaria, bibliotecaria, asistente en Colegio Montessori, recepcionista, ejecutiva, coordinadora, supervisora. Vendí desde terrenos de panteón, hasta bienes raíces, pasando por venta de baterías de cocina, Avón, ropa, zapatos de seguridad, joyería de fantasía, gorditas a domicilio, barbacoa y muchos más. Formé una familia, mi esposo y dos hijos, a los que he adorado. Actualmente vivo sola, separada recientemente de mi esposo, en Playa del Carmen, Q.R. Disfruto enormemente de mis hijos, mis nietos y nadar en el mar.

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