Una caja

Querida Leslie:

A veces siento como si estuviera en un lugar muy obscuro, algo así como una caja. Chiquita, obscura y muy molesta. Siento como si la única forma de salirme de ella fuera golpeándola hasta que se voltee o se rompa ─ aunque, para serte honesta, siempre pasa lo segundo ─, pero una vez fuera tengo ese sabor amargo de agresividad y dolor después de tanto esfuerzo.

No sé si has experimentado esa descarga de adrenalina que supuestamente le da a quienes practican algún deporte extremo. Bueno, a mí me sucede totalmente el efecto contrario. Hoy por ejemplo, era una tarde de jueves con un cielo azul y nubes blancas, tal como esos cielos tan abrumadores y hermosos de agosto. Por cierto, ¿ya te había dicho lo mucho que me gusta el cielo?

Me encontraba en un estado de paz que solo experimento al ver las nubes blancas tornándose anaranjadas. Casi llegaba el atardecer y nada podía ser mejor… Bueno, eso creía. De la nada sentí como si me hubieran tirado una cubeta llena de agua fría. Me había paralizado y ahora todo se estaba tornando gris. Ya no había colores ni atardeceres, ahora todo era noche.

Luego experimenté una tristeza abrumadora. Es como cuando de pequeñas nuestros padres nos envolvían con una cobija para que no nos diera frio y nos abrazaban muy muy fuerte sin soltarnos en parte para molestarnos y hacernos reír, pero yo no me sentía segura y aún tenía frío.

No controlo cuándo pasa y cuándo no, sólo sucede. Las ganas de llorar están ahí y no me queda más que encerrarme en el baño para repetirme que esto no es lo único que soy ni lo único que puedo llegar a sentir. Intento acordarme del cielo, de las nubes y sus colores, de los abrazos de mi padre y las caricias de mi madre.

Me repito que allá afuera no siempre hay noche, lluvia y escalas de grises. También me repito que la noche y la lluvia no son terribles. Me ruego dejar de llorar y pensar en todo lo negativo. Me ruego para no tirarme en mi cama con unas ganas enormes de morirme sin saber el motivo.

Casi siempre al día siguiente me levanto con ganas de comerme al mundo, pero no puedo dejar de pensar en que tengo que hacer que dure. En lo que pienso cuando todo es luz es en que debo de funcionar. Cuando todo es obscuridad pienso en que debo funcionar. Siempre me recuerdo que debo funcionar.

Autora: Melissa Palacios Oviedo, nacida el 27 de mayo del 2000 en Monterrey, Nuevo León. Amante de los atardeceres, la música y perpetuamente enamorada del amor. Primera en toda su familia en estudiar humanidades, siempre ha soñado con ser editora, pero las circunstancias la han hecho inclinarse por la didáctica y la lingüística. Actualmente cursa la carrera de Letras Hispánicas en la facultad de filosofía y letras de la UANL. 

Ilustración: María Hesse

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