La importancia del erotismo en la vida conyugal a través del cuento “Medio cuerpo afuera navegando por las ventanas” de Andrea Jeftanovic

Generalmente, cuando se habla de amor, suele estar asociado con la felicidad, el matrimonio, fidelidad, confianza, que si bien, estos son elementos imprescindibles en una relación, no siempre logran estar vigentes. Cuando se inicia una relación en pareja pareciera que la felicidad nunca tendrá fin, pero ¿qué pasa con las parejas de muchos años dentro de las cuales el amor y la cotidianidad se estancan en sus vidas, será cierto que el amor es para siempre? Andrea Jeftanovic, en el cuento “Medio cuerpo afuera navegando por las ventanas” plasma la imagen de la pareja en decadencia que, tras varios años de matrimonio, han caído en la cotidianidad y el desasosiego.

El cuento inicia de la siguiente manera: “Dime, ¿hace cuántas semanas que no tenemos sexo? Todo está tan previsto entre nosotros: el sabor de la saliva, los besos a medias, los cuerpos que se separan sin efecto” (Jeftanovic, 2012: 51). Inmediatamente la lectora es introducida a un mundo donde la efervescencia del amor ha cesado, tristemente estamos ante una pareja que está sumergida en el hastío. Para ellos, aparentemente, ya no hay más que descubrir, se ha dejado en el olvido el juego y diversión, ya no son capaces de ver más allá, porque debemos saber que jamás terminamos de conocer a las personas, siempre hay algo nuevo que conocer, salen a la luz nuevas cualidades o defectos, haciendo del amor un rito, en el que la pareja se renueva y rectifica su amor.

Sin embargo, todo esto que se menciona no está presente en la relación que muestra el narrador, porque él sigue mostrando una pareja en la cual el amor está a punto de agotarse, puesto que menciona: “Veo tu cuerpo en el espejo del ropero, te vistes con descuido. Vuelves y me tomas la mano, tu afecto no me conmueve, tus caricias no me excitan; me siento vacío. […]  quiero simultáneamente que me ames y no me ames”. (Jeftanovic, 2012: 52). En este punto se presenta un hombre que ha salido del estado de ensoñación que provoca el amor, en el cual se idealiza a la persona amada, ocasionando que una sonrisa, el choque de miradas, e incluso un saludo se convierta en el detonador del romance.

Por otra parte, es preciso recalcar que el despertar amoroso está acompañado por los sentidos, pues en el enamoramiento (primer paso para llegar al amor), el aroma, la voz, el color de ojos, cabello, etc., son los que detonan el interés en los amantes, claro está que esto pertenece a un primer nivel. Sin embargo, dentro del cuento, el narrador menciona que a pesar de los problemas que tienen, él sigue admirándola físicamente, pues menciona: “[…] no es un problema de atracción física […] me gustan tus muslos gruesos, el escote marcado […] Me gusta tu picardía distante, la forma de curvar tus hombros, los huesos acentuados de la clavícula” (Jeftanovic, 2012: 53). Amar no solo implica fijarse en la belleza exterior, sino encontrar una conexión más allá de lo evidente, en el que converjan y se nutran opiniones, sueños e ideas.

Respecto a esto Platón mencionaba que el cuerpo sólo es el espacio que encierra la verdadera belleza y esencia del hombre, un verdadero enamorado es aquel que queda prendado de la belleza interna (el alma).

Muchas veces el ser humano se deja impresionar por las cosas banales, prefiriendo la apariencia, y no la esencia, porque si bien la atracción física influye para que entre los dos entes fluya el amor, no quiere decir que este sea lo único que importe.  La relación que Tania y el narrador tienen han llegado al punto de desconocerse, pareciera que lo único que comparten es el lugar en el que viven, y que lo que los mantiene unidos es la cotidianidad, la costumbre, incluso Tania ha traspasado un “limite” y el narrador nos lo revela de la siguiente manera: “Estabas con el computador encendido, me asome y bajaste bruscamente la falda […] en la webcam quedó rezagada la imagen de tu vulva expuesta al océano virtual […] Tú con otro hombre en otro lugar y en otro tiempo” (Jeftanovic, 2008: 62). Si bien se sabe que: “Cronotópicamente el amor no puede ser eterno, está condenado a terminar o transformarse. Los amantes lo saben y comprenden que la relación y la realización derivada de estas características sufren de afecciones tales como las generadas de la edad, la enfermedad y la muerte” (Barrantes y Araya, 2002: 81). Lamentablemente, a pesar de que la relación que se presenta en el cuento no es la mejor, la pareja no logra terminar con esta, viven en una lucha, y en una ilusión.

Pero, ¿eso quiere decir que el “vivieron felices por siempre” no existe? Muchas veces en las películas, televisión o canciones se tiende a exagerar las relaciones amorosas: o la pareja es sumamente afectiva o ambos terminan destruyéndose, anulando la complejidad del ser humano, quien posee virtudes y defectos. El vivir en una idealización amorosa, puede ser perjudicial a la hora de que el hombre o la mujer deseen tener una relación, porque surgen esos choques de lo que creía y de lo que es real, ya lo menciona el narrador del cuento: “A la hora del desayuno yo te soñaba en bata, peinada, risueña, imaginaba que me besabas el cuello y comías las migajas de las tostadas en mi pecho […] Pero no. Nunca. Menos ahora.” (Jeftanovic, 2008: 54).

El ser humano siempre ha estado bombardeado de publicidad: “si compras este desodorante, atraerás a más chicas”, “si hace una reservación en el restaurante más lujoso tendrá garantizada una hermosa velada”, “Entre más caro sea el regalo, más representa tu amor”, pero esto sólo es la muestra de un amor artificial. Dan una imagen ajena al ser humano, a su vida real, por ejemplo en algunas películas presentan a una mujer que despierta maquillada y peinada, siempre de buen humor, al hombre que después de un encuentro sexual despierta a su amada con el desayuno en la cama,  dispuesto a cumplir todos sus caprichos; tanto al hombre y la mujer de ese mundo ficticio le son negados el derecho de enfadarse o llorar, sentimientos que, en la vida real, aunque la pareja trate de llevar esa vida ideal, siempre salen a la luz, porque forman parte de su naturaleza humana.

Por lo tanto, es importante que cada ser humano sea capaz de identificar sus fortalezas y debilidades, para que así al mostrar su amor pueda ser más realista y sincero.

Cada pareja tendrá su final feliz, sólo si lo desean; ambos tendrán que mostrar lo mejor de sí mismos, para ir forjando su historia, porque: “El amor verdadero es un estado de felicidad continua, de permanente comprensión, de permanente acuerdo [..]” (Paz, 2002: 47); los enamorados deben ser conscientes de que los problemas aparecerán en algún momento, pero lo importante será saber solucionarlos y evitar su repetición, porque no hay que olvidar que cada relación es distinta, y cada ser humano asume el mundo de manera diferente.

Además de esto, dentro del cuento Medio cuerpo afuera navegando por las ventanas, el erotismo se ha esfumado de la vida de Tania y el narrador, porque para ellos el encuentro sexual es rutinario, aburrido, siempre predecible: “Ahora tenemos que hacer una verdadera coreografía estudiada para lograr primero relajarnos, luego excitarnos” (Jeftanovic, 2008: 54). Ambos han perdido la espontaneidad, la atracción por sus cuerpos, se han olvidado de que el erotismo implica entrega, estimula el juego, el goce, y admiración.

En la obra literaria se observa la ausencia de confianza que hay en la pareja, aunque claro está que, cada uno tiene el derecho de tener secretos, pero esto no quiere decir que se oculten cosas que pueden dañar a la otra persona. Es por eso que el fomentar la confianza en la pareja, cada uno tendrá la oportunidad de decir aquello que le preocupa, o molesta de sí mismo o del ser amado, para que en lugar de que los sentimientos negativos vayan creciendo y dañen la relación, al hablarlos se logren disipar las dudas, y llevar una relación sana.

Dentro del cuento, el narrador no logra comprender a su pareja, le asusta su mutabilidad, pues menciona: “En el curso del día tienes tantas edades. Naces opaca por la mañana, eres un misterio en la tarde, estas radiante por la noche, apareces y desapareces por la misma puerta interpretando diversos roles. Hemos crecido callando, cerrando los ojos de tanto en tanto” (Jeftanovic, 2008: 55). Pareciera que en lugar de que el narrador, que en este caso es el esposo, forme parte de la vida de Tania, simplemente está como espectador, admirando y deseando a la mujer que en algún tiempo fue alcanzable para él. En su papel de espectador se fue formando una barrera que le impide la comunicación.

A pesar de que muchas parejas hacen el juramento del amor eterno, algunas no logran concretarlo, porque en esa travesía de conocerse, descubren a otra persona diferente de la que se habían enamorado, lo cual puede desilusionar o aumentar el amor. Dentro de la obra, en lugar de que con el tiempo la pareja tuviera una relación sólida, día tras día ésta se volvió débil, ya lo menciona él: “Nos fuimos resecando por dentro, arenas, piedras, añicos de emociones, nada entero moviéndose, ni una hoja viva de muestra y las personas no se fijan, sueños, restos de sueños, fragmentos que me inquietan, alguien que no distingo. En casa siempre hay cosas que no funcionan” (Jeftanovic, 2008: 55). Aquellas personas que fueron felices enamorados, ahora no se conocen, sus esperanzas y promesas se han quedado en el vacío; la posibilidad de rescatar aquella relación que en algún momento los llenó de dicha se ha desvanecido, se han convertido en seres que viven en ausentes de su realidad.

Finalmente, el cuento termina cuando el narrador nuevamente encuentra a Tania en el estudio sentada frente a la computadora, casi desnuda, lo que impulsa al esposo a tomar otra computadora que se encontraba en la sala, para sumergirse en un chat con su esposa:

“[…]Enfoqué la cámara, llevabas tiempo sin sonreírme con tanta frescura. Te recogiste el pelo conociendo el efecto de ese efecto en mí. Te desnudaste lento […] tu mano izquierda ya no llevaba el anillo de matrimonio […] yo solo habitaba este aquí y este ahora en el que eras anónimamente mía, e insistía con obscenidad en este juego de luz, cámara y acción” (Jeftanovic, 2008: 67).

Es hasta este momento cuando la pareja logra tener un momento de gozo; pareciera que sólo a través de la pantalla ellos logran avivar esa pasión dormida, porque en ese mundo virtual ambos logran ser otra persona, que está dispuesta a seducir y ser seducido.

A partir de esto es que el título del cuento cobra sentido, pues Medio cuerpo afuera navegando por las ventanas hace alusión a los seres incompletos en que se ha convertido la pareja, pues el amante solo fue capaz de descubrir una parte de la vida de su amado, la otra mitad se queda oscilando en un mundo desconocido, intentando perpetrar ese mundo que se expande a espaldas de su relación amorosa.

Muchas veces cuando las parejas mencionan que llevan muchos años juntos, inmediatamente surge el asombro, porque la incógnita es ¿cómo lo han logrado?, ¿no se aburren?; en nuestros tiempos donde todo gira a una gran velocidad, donde se busca lo práctico, y los seres humanos se han dejado envolver por lo efímero, pensar en una relación de 50 años, para algunos es algo inalcanzable, porque es necesario tener madurez, respeto comunicación, etc, para que así puedan expresar aquello que molesta, o inquieta, para que no haya dudas y el amor se entregue a la mitad.

Tampoco se trata de fomentar una pareja asfixiante, pues cada uno deberá respetar los momentos de privacidad que requiera el otro, hay que recordar que el amor: “[…] no es solo entusiasmo ferviente, seriedad significativa o tristeza elegíaca, sino también es burla traviesa, broma risueña, ironía bondadosa sobre sí mismo y sobre el otro” (Malishev, 2001: 35). La pareja es capaz de comprender un poco la complejidad del otro; porque amar despierta la mejor parte del ser humano, puede formar seres fuertes, capaces de ir contra la adversidad, para ellos la rutina no existe, porque siempre están descubriendo algo que cautive y fomente su amor.

Autora: Karla Angelica Azotea Valdes. Egresada de la Facultad de Humanidades, UAEMex, estudió la licenciatura en Letras Latinoamericanas. Participó en el Segundo Coloquio de “Amor y Erotismo” 2018, llevado a cabo en la Facultad de Humanidades. Realiza labor social impartiendo clases a niños de educación básica. Le interesan los estudios de Género, y la literatura contemporánea. Pretende promover la literatura como un espacio donde las mujeres puedan expresar sus ideas, y que a través de sus personajes sus lectoras o lectores puedan sentirse identificados y puedan causar impacto en sus vidas.

Referencias
Barrantes y Araya. (2002). “Apuntes sobre sexualidad, erotismo y amor”. Revista de Sedes       Sedes Regionales. vol. III, núm. 4. Universidad de Costa Rica. Consultado el 10 de   el 10 de enero de 2019 en https://www.redalyc.org/pdf/666/66630408.pdf

Jeftanovic, Andrea. (2008). No aceptes caramelos de extraños. México: Seix Barral.

Malishev, M. (2001). Vivencias afectivas y actitud ante el existir (amor, envidia, culpa,     culpa, muerte, fe y deber). México: UAEM.

Paz, O. (2002). La llama doble. Amor y erotismo. México: Seix Barral.

Platón. (2008). Diálogos III. Fedón. Banquete. Fedro. Trad. C. García Gual, Martínez Hern    Hernández. Madrid: Gredos.

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