Oculolinctus

Estábamos ella y yo en el baño de la escuela, le dije que me ardía y contestó que sabía cómo quitarme esa molestia, yo la dejé hacer, pues confiaba en ella más que en nadie. Me empujó al cubículo pequeño donde está el inodoro y cerró la puerta lentamente, yo, por dentro me pregunté si hacíamos algo malo, porque parecía que sí. Sentí un micro terror, no sabía qué quería, sin embargo, no la detuve, me tenía a su merced.

Se aproximó a mí y lo tomó entre sus dedos, lo abrió lo más que pudo, lo examinó detenidamente y pude ver que sonreía, -está hermoso, tiene colores divinos, nunca lo había visto de cerca- me dijo, yo contuve la respiración y creo que me sonrojé. Sacó su lengua puntiaguda y lo rozó, me eché un poco para atrás, creo que se asustó también porque en cuanto hizo contacto se separó y me miró fijamente, yo no supe articular palabra pues no entendía lo que sucedía, sólo me dejaba llevar. Vi decisión en su rostro, y apuntó de nuevo su lengua hacia mi pequeña esfera, la tocó otra vez. Era una sensación extraña y maravillosa, se sentía húmedo y terso, me estremecía porque no sabía que podía sentir tanto en ese lugar particular de mi cuerpo.

Su lengua iba de un lado a otro, primero lentamente y después de forma furiosa, el tiempo me pareció perpetuo. Con dos dedos me oprimía, ella luchaba por mantenerlo abierto de una manera tan fuerte que dolía, pero también me gustaba. Por un momento pensé que me estaba besando, pero no de una manera “normal” boca a boca, me besaba de otra forma, de una forma obscena pero gloriosa, yo despegué del piso y por un instante me encontré en otro lugar, aquello se sentía tan bien que me olvidé de todo lo demás. Tenía razón, el picor desapareció mientras ella meneaba su lengua. Sabía que ella también sentía placer de alguna forma, pues yo le brindaba una estructura perfectamente circular y húmeda, parecía que le gustaba, que lo disfrutaba.

La saliva empezó a correr por su boca y una lágrima por mi ojo, cuando esto pasó ella se detuvo de golpe e hizo que bajara a la tierra en picada, me preguntó – ¿te sientes mejor? -, y yo asentí con la cabeza. Tomó con la yema de su dedo una pestaña de la punta de su lengua y me dijo -sabía que tenías algo en el ojo- mientras sonreía. El miedo, el placer y la intimidad que sentí ese día a través de mi ojo no se volvió a repetir. ¿Quién estipula con qué partes del cuerpo se debe sentir placer?

Teresa Díaz: Ciudad de México (1989). Tepiteña de corazón, feminista, antropóloga social e investigadora en el Doctorado de Estudios Feministas en la UAM Xochimilco. Apasionada por la escritura de mujeres, el café, la lectura, el bordado contemporáneo y la fotografía. Líneas de interés: ciberfeminismo, teoría cyborg, tecnología, escritura de mujeres, procesos de subjetividad.

4 comentarios en “Oculolinctus

  1. ¡Me encanta! me parece super divertido porqué yo me imaginaba otra cosa y al final resultó ser una pestaña en el ojo. Sin duda, muchos caminos que despertó a mi imaginación.

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