Construcción histórica del imaginario amoroso a partir de ciertos mitos

Una lectura de Claves feministas para la negociación en el amor, de Marcela Lagarde

Marcela Lagarde hace un recorrido muy efímero por la historia del concepto del amor en Occidente enunciando algunas ideas de los valores de esta historia, como por ejemplo, en la Grecia Clásica:

El amor, Eros: se refería al amor físico y carnal, a la predisposición sexual que sentían los amantes y que debía de experimentarse “como un hambre” que desconocía límites para ser saciada.

El amor Filia: se refería al amor espiritual que es el sublime, trascendental y puro.

Y el amor Ágape, era un amor solidario, de amistad que en otras épocas evoluciono a lo caritativo, que ayuda o apoya a ciertos grupos con condiciones u objetivos específicos, un amor que no se dirige a un solo sujeto. Un vínculo sin eros y sin pasión carnal.

En el imaginario ideal de los griegos ejercer algún tipo de los anteriores amores los llevaba al camino de la perfección, por lo que las personas que podían acceder a esta perfección eran exclusivamente las que se consideraban atractivas para amar o ser amadas.

Como podemos apreciar la filosofía amorosa de los griegos tenía muy claro los sentimientos que podían inspirar diversas circunstancias o personas, no sentían culpa o agobio si con una persona vivían Eros y con otra Ágape.  Las cosas se empiezan a complicar con el Cristianismo porque el amor se vuelve entrega incondicional por lo amado, el amor que se da es una fuente inagotable y la persona que ama no solo es perfecta ahora también debe de ser buena. “Has el bien sin mirar a quien”

Con el surgimiento de la era burguesa en los s. XIII, XIV y XV surge el llamado amor burgués que se viene a definir como un amor que ensambla muchos más sentimientos en una sola experiencia: amor, erotismo, pasión, amistad, etc. y con objetivos más ambiciosos la entrega indefinida: el amor para toda la vida. Para este logro surge otro concepto que antes no se había observado tanto que es la comprensión entre la pareja ¿qué otra cosa es más necesaria que la comprensión mutua para perdurar toda la vida juntos y bien? Además, no hay que olvidar que en el imaginario histórico amoroso que se va construyendo, las bases cristianas siguen permeando y este objetivo del amor burgués además incluye la procreación en su núcleo y para esto la heterosexualidad como su garantía. Vamos dándonos cuenta a estas alturas como la carga y responsabilidad de los amantes empieza a ser agobiante.

Se dice que el amor burgués puso fin al idealizado Amor cortés que consistía en el apasionamiento de los caballeros por mujeres que las más de las veces eran casadas y que en pos de esa pasión se generaban grandes guerras, pero el amor burgués vino a instaurar otro ideal aún más imposible en lo que engloba, pero más egoísta en cuanto al surgimiento de la exclusividad de las mujeres como propiedad privada. La nueva moral sexual que se empieza a acuñar en estos tiempos también se vuelve un lastre para los amantes, pero aún más para las mujeres en su deber ser: ser esposas fieles, ser madres, se vuelve un sí o si para darle sentido al vínculo amoroso, sus recursos, su sexualidad, su cuerpo, sus anhelos y por lo tanto su futuro están contenidos en la institución del matrimonio y el único dueño y administrador de esto es el esposo. Mujeres expropiadas le llama Franca Basaglia.

Justo aquí podemos darnos cuenta como los hombres no han amado con las reglas impuestas a las mujeres, como no se ha ejercido la práctica amorosa en equilibrio. Lo prohibido y más señalado para las mujeres, como la infidelidad, la homosexualidad, la procreación fuera del matrimonio, el divorcio, el abandono familiar la más de las veces es aplaudido, tolerado o resignificado por la sociedad para los hombres.

Los espacios donde se ejerce el amor son igual de importantes y forman parte de las idealizaciones históricas también, el modelo de una mujer estaba circunscrito a su casa, porque la mujer debe de ser de su casa, la “ama de casa”. Los hombres, sin embargo, siempre fueron y vinieron de los espacios privados y públicos, concibiendo, normando y administrando ambas esferas en ordenes económicos y sociales desfavorables a las mujeres que además de la marginación las hizo dependientes económicos de ellos.

Así, Mujeres y hombres de cada época viven el amor según las normas sociales y religiosas que van construyendo, pero la experiencia acumulada y heredada a través del tiempo de generaciones en generaciones también construye imaginarios amorosos que envuelven ideales, mitos, ilusiones y expectativas que no se aterrizan nunca en una realidad pero que también se “cree” que son parte sustancial del amor y que han venido a reforzar la concepción más cercana a lo que el sistema patriarcal y capitalista ofrecen. Y aunque sabemos que el amor es histórico y aprendido socialmente y que responde a normas, ideologías y morales de cada época, siempre hay un sustrato de amor romántico que prevalece hasta nuestros días.

Con este poquito bagaje de historia escribamos algunos de estos mitos:

El mito del príncipe azul,

El mito del amor eterno,

El mito de la belleza,

El mito de la maternidad como plenitud de vida,

El mito de la familia feliz,

El mito de la mujer como madresposa.

El mito de cargar la cruz con un hombre, independientemente de cómo salga “si bueno o malo”,

El mito de la media naranja, mito de la complementariedad,

El mito de las pruebas de amor,

El mito de que el amor lo puede todo,

El mito de que el amor es la única vía a la felicidad,

El mito de que el amor lo perdona todo,

El mito de la exclusividad,

El mito de que la pareja es natural y universal,

El mito de los celos como amor verdadero,

El mito del amor único y verdadero,

El mito de la entrega total,

El mito de que si no se sufre no se ama (mito del amor romántico),

El mito de que dar amor es dar dinero, etc.

Ya ni qué decir del amor Victoriano del s. XIX que vino a reafirmar y a reposicionar algunos de estos mitos sobre todo los que tienen que ver con las madresposas y la pureza sexual.

La Modernidad nos trae consigo el anhelo de la plenitud, que es el amor a sí mismas, el que busca la realización, la trascendencia y la libertad no en los cielos, ni en la gracia de ningún mesías, no en la búsqueda de la media naranja que nos haga completas ni siquiera en los calificativos de buenas personas a través de ser madres, hijas o esposas ejemplares, sino en el cumplimiento de nuestros más profundos anhelos que vamos descubriendo al desmitificar el amor mismo.  

Y así la barda cada vez se va poniendo más alta cuando todos estos mitos perviven con las ideas que vamos defendiendo en nuestra realidad y surgen las contradicciones entre priorizarnos a nosotras o a los demás.

 Lagarde plantea como el mandato amoroso tiene una especial y cruel relevancia para las mujeres de todas las épocas, ya que nuestros cuerpos y mentes han sido socialmente configurados para el amor a través del tiempo y hasta nuestros días. Es como si las mujeres hubiéramos nacido amando, como si la función de amar estuviera configurada genéticamente en nosotras. Los hombres pueden no amar y son perdonados, las mujeres nunca pueden dejar de amar algo o a alguien, tienen, deben amar a Dios, a sus padres, esposos, hijos, amantes, familia. Este es otro mito que también debemos de tirar. Me pregunto ¿cuánta responsabilidad sobre nuestros hombros? Debemos ser amor antes que ser mujeres.

¿Cómo hemos sobrevivido en nuestra sociedad a estos mitos las mujeres disidentes, las que no ejercen su maternidad, las que nunca se casan, las que se divorcian, las que estando casadas no quieren hijos, pero si proyectos de vida independientes de su vínculo matrimonial, las mujeres que no se circunscriben a amar solo en pareja, las que ya no quieren ni desean amar, las que ponen sus umbrales amorosos en causas político sociales? 

A diferencia de lo que propone el libro en cuanto a escribir ¿Cuáles son los hitos amorosos de mí vida? Me gustaría intentar escribir mi historia indagando en todos esos pasajes donde no ame nada y no por eso no disfrute. En un ejercicio de honestidad les diré que tal vez no sea una historia de muchas cuartillas, porque hasta el cuello mi discurso tuvo referencias de literatura rosa, de cultura audiovisual telenovelera y de un despertar amoroso lleno de corazones rotos, pero me gustaría encontrar aprendizajes de amor en solitario y no solo a través del sufrimiento del amor romántico. Es una empresa difícil, encontrar los momentos en mi historia en los que construí mi individualidad, en donde la soledad no fue abandono sino espacio autónomo para platicarme, conocerme, reconocerme y quererme. 

Este libro me permitió tomarlo como una plataforma para seguir encontrando mis propias claves para continuar con mi formación amorosa y no morir en el intento, entendiendo que aunque la forma de amar se valida en cada relación que establecemos y que como dice Lagarde “cada relación personal es una relación pedagógica sobre el amor” es sumamente importante antes deconstruirme y construirme en soledad como mujer sincrética que me descubro en mí compañía, en mi individualidad tiene que nacer el primer vínculo conmigo misma, reconociéndome en mi presente, con los recursos que tengo, con la edad que tengo y con las necesidades amorosas del hoy,

Quién soy, qué soy, y que no soy, qué quiero y que no quiero, qué deseo y qué anhelo, qué necesito, que puedo, qué ofrezco, que no ofrezco, que puedo negociar y que no.

Buscar la MISMIDAD es como escribir el papel de la película que ahora quiero protagonizar, un guion que seguro es exclusivo para cada una de nosotras pero que es un acto transformador y vivificante para todas.

Autora: Adriana Herrera es Lic. en Sociología por la UNAM con estudios en Sexualidad Humana. Instructora en Cooperativismo y  Feminista en formación. Amante de mis ancestras, de los animales, del cine, del idioma francés y del jugo de piña.

2 comentarios en “Construcción histórica del imaginario amoroso a partir de ciertos mitos

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