Alicia

Las dos Alicias

Por Abigail López Ortiz

Es la segunda quincena de agosto, y doña Alicia comienza con los preparativos para el cumpleaños número veintisiete de su nieta. No importa cuántos años cumpla, siempre será su niña, y este año en especial merece todos los mimos posibles.
La ve poco, pero puede notar en su semblante que algo la atormenta hace algún tiempo: un corazón roto.
Sabe que su nieta prefiere los panes horneados a los pasteles, pero doña Alicia odia cocinar. Muchas veces la han elogiado por su buen sazón, pero ella no soporta el espectáculo interminable de los platos que se ensucian y se deben lavar. Así que la mejor solución, piensa, será comprar un gran pastel de chocolate y, si acaso, adornarlo con betún y chispas de colores.
¿El lugar? Un parque, a su nieta le gusta estar al aire libre, pero deberá contratar una carpa para que el clima inclemente de agosto no las sorprenda. Le dirá que van al centro a comprar estambres, pero tomarán otra ruta y se encontrarán con todos los amigos y amigas que ya se encargó de invitar.

El día de la fiesta, tras partir el pastel, la joven Alicia se aparta por un rato del bullicio y se sienta a platicar con su abuela, quien le muestra fotos de su último viaje, y le cuenta todas sus peripecias. También le habla de su vida doméstica, le dice que persevere en buscarse una habitación propia lo antes posible, pues sólo así apreciará cuánto mejora su vida. Ella misma ha llevado una existencia independiente desde que falleció su segundo marido y siente que nunca antes había vivido con tal plenitud.
Las dos Alicias no se ven muy seguido, pues la abuela ha llevado una vida itinerante durante los últimos años. Sólo ocasionalmente vuelve por unos días, siempre con regalos e historias para su nieta consentida.
-Pero cuéntame ahora sí, Mami -así le llama-, ¿dónde estás viviendo ahora? ¿Podré visitarte algún día?
La abuela sonríe, aproxima a su nieta hacia sí y besa su cabeza. Todavía no ha llegado el momento de contestar a esa pregunta.

La joven Alicia despierta, es su cumpleaños, pero no siente ánimos de levantarse. Así ha sido todos los días durante los últimos meses. Sin embargo, hoy su primer pensamiento no corre hacia el individuo que le causa tanto penar, no. Hoy recuerda a su abuela y agradece una más de sus impredecibles visitas desde el más allá.

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