Áurea y Clara

Por Yadira López Velasco

De Áurea no hay una fotografía en casa, no sé su fecha de nacimiento, ni tampoco sé qué día la mataron. Mi mamá, su hija, dice que el rostro de mi abuela se le ha borrado con el paso de los años, pero que hay cosas que ni el tiempo se lleva:
– Mi mamá era caderona como tú, tenía el cabello largo como el de Dulce, el color de Jovita y las manos suavecitas, como las de Sonia, yo veo a mi mamá en todas ustedes…
De Áurea no conocí su voz, pero la he visto en sueños, en sueños me ha abrazado y me ha pedido pan amarillo pa´ la ofrenda del 2 de noviembre.
De Áurea, mi abuela, no conocí su risa, pero heredé el don de las hierbas, aprendí a curarme de espanto, de tirisia, de empacho.
De Áurea, no conozco el rostro, pero en mi piel llevo un ramo de limpia en su honor, mi voz la nombra todos los días, para no olvidar a mi abuela asesinada por curandera. Áurea ya no está aquí, pero me dejó a Clara, su hija, que amorosa me lee los sueños, me borda huipiles. Clara, mamá que alegre me enseña de guisos, que sonriendo planta chiles, entonces veo y pienso que sí, que sí conozco a Áurea, porque ella vive en todas nosotras.

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